martes, 6 de octubre de 2015

UN MES PERONISTA

Octubre es un mes peronista por excelencia, el mes peronista, por ello desde la Biblioteca y Centro Documental José María Rosa, publicaremos artículos relacionados con este movimiento trascendente para la historia argentina, que ha levantado y sigue haciendo flamear las banderas de la Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Nacional.
Iniciamos este ciclo con un texto de José María Rosa extraído de la revista Linea, publicada, como signo de la resistencia peronista, como la voz de los que no tienen voz.
las patas en la fuente, mítica imagen de los trabajadores en la Plaza













¿Quién hizo el 17 de octubre?

Al 17 de octubre nadie lo hizo, nadie lo dirigió, nadie lo “planificó” (para usar expresión grata a quienes imaginan las conmociones populares con planes elaborados). Fue espontáneo. No lo hizo nadie, porque lo hicieron todos: fue ese ser anónimo que llamamos el Pueblo y se maneja más por emociones que por razonamientos. Y por eso la gente materialista no puede comprenderlo.
No fue el desplazamiento de Perón exigido por los comandantes de Campo de Mayo el 9 de octubre, lo que produjo la conmoción del 17. El presidente Farrel se vio obligado a aceptar el planteo de Campo de Mayo la mañana del 10, y Perón extendió de inmediato la renuncia a sus tres cargos políticos –ministro de Guerra, secretario de Trabajo y vicepresidente de la República- agregando la solicitud de retiro de la actividad militar.
No será su caída política lo que produjo la reacción popular. Los obreros perdían un Secretario de Trabajo pero ganaban un conductor. Concentrados la tarde del 10 frente a la Secretaría de Trabajo, lo proclamaron líder del partido a formarse (se anunciaban las elecciones presidenciales). Ni los más optimistas se hacían ilusiones de ganar, pero lo levantaban como bandera.
Iniciarían con el nombre de Perón el partido de los trabajadores argentinos, que socialistas y comunistas olvidaron por seguir rumbos extranjeros. No les importaba que los diarios de la oligarquía lo llamen fascista o nazi. No se pagaban de palabras sino de realidades. Les constaba que el coronel era muy argentino, muy amigo de los obreros, y la oligarquía lo odiaba. Suficiente para saber qué significaba Perón.
El Coronel aceptó “ponerse al servicio del Pueblo” apenas se le despachara su solicitud de retiro. Tampoco creía en un triunfo inmediato, pero tenía fe que ese movimiento terminaría por imponerse, porque representaba la realidad argentina como ninguno de los partidos: “Venceremos en un año, o venceremos en diez, pero venceremos” fueron sus palabras.
Hasta el sábado 13 el “movimiento” quedó en promesa. Las barriadas populares del Gran Buenos Aires y de las ciudades del interior permanecieron tranquilas, mientras las señoras del Barrio Norte y los “intelectuales” democráticos festejaban alborozados, al compás de las marsellesa, el alejamiento del coronel nazifascista (el eco de la guerra mundial en las mentalidades extranjerizantes, los llevaba a ver con ojos extranjeros los hombres y cosas de nuestra política). Pero al atardecer del sábado 13, las radios y los vespertinos dijeron que Perón había sido detenido y confinado en Martín García. Crítica daba la noticia con título catástrofe: “Ya no constituye un peligro para el país”. El fermento que llevaría a la explosión del 17, empezó ese anochecer del 13 cuando se supo que el coronel del Pueblo con regocijo de la prensa “seria” y del Barrio Norte, había sido detenido. Allí empezó la ola: sorda e impotente el domingo 14, bullente el lunes 15, decidida el martes 16 y desbordante el miércoles 17.
¿La dirigió alguno?....No se actúa sobre la multitud inorgánica por una acción deliberada.
Indudablemente Evita trasmitió su dolor y su fe a los amigos que frecuentaba, pero las palabras de María Eva Duarte no tenían aún la resonancia que alcanzarían después las de Eva Perón. Se ocupó de gestionar un recurso de habeas corpus, que los abogados eludían, y en sus andanzas fue cobardemente agredida por un grupo de libertadores, y rescatada –a duras penas- por la policía con el rostro cubierto de hematomas. Su amiga Pierina Dealessi la ocultó en su casa, donde permaneció hasta el 17. ¿Mercante?...El 13 Avalos lo arrestó en Campo de Mayo donde permaneció hasta el 17. ¿Los dirigentes obreros vinculados a Perón?...Hicieron lo que pudieron: convocaron a la comisión general de la C.G.T. para una huelga por la libertad de Perón, pero no encontraron apoyo suficiente: la mayoría se mostraba reacia. Perón había hecho mucho por los obreros, pero no les parecía prudente jugarse por un militar derrotado. “Otros coroneles no nos van a faltar; en Campo de Mayo tendremos una docena” se oyó decir, cosas de dirigentes sindicales despistados. Diez horas largas
-hasta las 21 del martes 16- deliberó la C.G.T. en la sede de los tranviarios. Los peronistas deben negociar: la huelga no será por la libertad de Perón, sino por la libertad de todos los presos políticos
y sociales, sin nombrar al coronel. Con todo, apenas consiguen una mínima mayoría para aprobar una huelga anónima de 24 horas para el jueves 18.
No fue pues, la organización confederal obrera lo que produjo la conmoción del 17. Al votarse la huelga para el 18 (21 horas del martes 16) ya hay manifestaciones espontáneas en Avellaneda. Algunos cruzan el puente pese a que la policía de la Capital, por orden de su jefe, el coronel Emilio Ramírez decidido antiperonista, trata de impedirlo. Pero la avalancha se produce.

Dice el escritor norteamericano Robert Potash que “la falta de firmeza del general Avalos…al negarse a refrendar medidas que pudieran provocar bajas civiles…actitud ciertamente desusada en un profesional instruido profesionalmente en el uso de la fuerza” fue lo que produjo la victoria de Perón. Debería saber que a los militares argentinos se los instruye en el uso de la fuerza para emplearla contra enemigos igualmente instruidos en ella, pero no para enfrentar a un pueblo desarmado. Podría recordarse que el general Nicolás Levalle, uno de los militares más auténticos de nuestra historia, dijo el 31 de julio de 1890, siendo ministro de Guerra de Juárez Celman: “que si se trataba de pelear contra fuerzas organizadas, fueran pocas o muchas, podía contarse con él; pero si es contra un pueblo indefenso, mujeres y niños ¡jamás!”.

J.M.R