martes, 8 de julio de 2014

Fermín Chávez el matrero del El Pueblito


Hoy próximos a cumplirse 90 años del Natalicio de Fermín Chávez lo recordamos con un texto de Pablo Hernández de su libro "Patria de Escritores"Publicado por la Ediciones Fabro.
Fermín Chavez
El matrero del El Pueblito
“Gracias, Pablo. Yo no me hubiera animado a tanto”.Era en rigor, la frase pronunciada por Fermín Chávez en la calurosa tarde entrerriana, una más de su cotidiana pedagogía de la humildad.
El mérito, si es lo había, era en gran parte suyo. El maestro nacido en El Pueblito en sus libros, en sus conferencias, en las charlas mantenidas en el departamento de la calle Chile y en algunos bares de la Avenida de Mayo o Bernardo de Yrigoyen, era quien me había impartido la lección: en la historia hay que guapear.
Personalmente lo conocí-y el detalle no es menor- cuando en 1977 presentó en la librería Hachette mis Conversaciones con el padre Castellani. El cura-lo reconoció Fermín en crisis- “era para mí el Maestro” y le había enseñado, entre otras, estas cosas: “en el 50 iniciamos una correspondencia de la que conservo textos suyos soberbios. Está él en plena madurez y en ostensible avance. Algunos le critican sus zafadurías y las bromas pesadas al adversario. El argentino quiere ruido, cuentas y abalorios, cuando no manjar de olor fuerte-me dice-.No vaya a creer que aprecio mucho mi poder de hacer ruido. Lo desprecio, pero sé que aquí es necesario”.
Chávez, fino entendedor de los mensajes del “díscolo” sacerdote, se entusiasmó en aquel febrero de 1994 cuando en Federal metimos algo de “ruido”.
Durante los días 4,5 y 6 tenía lugar allí, en el escenario Ernesto Montiel, la decimonovena emisión del Festival Nacional del Chamamé del Norte Entrerriano. Julio Cáseres, el prodigioso cantor de Los de Imaguaré que en la noche deleitaría a sus seguidores, fue quien tuvo la idea de organizar durante el día un ciclo de conferencias en la escuela local. No se conformaba con la lucidez de su arte y buscaba el complemento de la razón. Quería que un grupo de escritores en sucesivas charlas intercaladas por la actuación de conjuntos chamameceros del pueblo, explicáramos las causas culturales e históricas que en dicha región habían otorgado un lugar de privilegio a ese género musical. Con esta propuesta continuaba, por otra parte, por el camino elegido mucho años antes y que había sintetizado en un reportaje en 1980: “en la medida que crece la necesidad de la gente joven de expresarse responsablemente, trasciende cada vez más la necesidad de proyectar nuestra identidad y no convertirnos cada día en aculturados. Respetar lo tradicional no significa quedarse a recordar únicamente o a tocar los instrumentos exactamente como lo hacían los músicos de antes. Debemos ser fieles a nuestra realidad porque es así como vamos a comunicarnos con la gente de nuestro tiempo”.
En el disco compacto o sobre el escenario es donde manifestaron, además, su fidelidad a esta propuesta. Supieron Los de Imaguaré, cuando fue necesario, rendir su tributo al pionero Mario Millán Medina que en sus mejores composiciones reflejó paisaje y paisanaje con un humor que a veces hacía recordar al del pintor Florencia Molina Campos. En otros momentos -y con pluma de paí Julián Zini como centro-protagonizaron junto a Teresa Parodi y a Antonio Tarragó Ross el ascenso de una poética chamamecera que, antes de ellos, casi siempre había estado por debajo dela calidad musical del género.
Es en Amarillo, por ejemplo, donde encontramos de la mano a la poesía y a la profundidad; “si asumimos nuestra historia/ y renegamos de aquello/ que fue afrenta y atropello/ nos queda un triple valor:/ la Itatí que nos hermana,/ el mate que es compartir,/ y el chamame que es vivir/ la vida, gracias a Dios¡”.
A la dureza impuesta le responde liberadora, entonces, la memoria de un pasado que se transforma en batallador presente: “nos maniataron de cuerpo y alma/ con la pobreza como un payé.../ para los nietos queda la historia,/ la Itatí, el mate y el chamamé”.
El mismo Zini, pero en Soy Región, fue el que explicó que, “chamame adentro, soy Federal”. Y allí en Federal, en la escuela provincial número 44 disonantemente llamada Domingo Faustino Sarmiento, convocados por la fama de Julio Cáseres y Fermín Chávez y mientras el mate circulaba entre los presentes, además de los nombrados dieron su charla los poetas locales Víctor Seri y Roberto Romani, los historiadores correntinos Miguel Angel Barrios y Salvado Cabral y quien esto escribe llegado desde la provincia de Buenos Aires.
Fue en la peña El rincón de los amigos, en un almuerzo en donde el asado con cuero competía con los fideos con vizcacha en la preferencia de los presentes, que Julio lanzó una segunda propuesta. Era de fondo, aunque para un público necesariamente limitado, cada una de las exposiciones que en el colegio dábamos los escritores. Fue una carilla, en cambio, la que nos requirió para leer a la noche, desde el escenario, teniendo como telón distintos fragmentos de chamamés clásicos que interpretaría su conjunto ante diez mil personas que colmarían el festival.
Finalizado el almuerzo- y sin abandonar los vasos de vinos tinto- los presentes nos dirigimos a una pieza continua para encarar la tarea aunque yo, por ser periodista, fui elegido para sentarme frente a la desvencijada máquina de escribir que nos sacaría del apuro. Conviene transcribir, desde luego, algunos párrafos del contundente documento final. En él declarábamos que “la filiación de nuestro particularismo cultural y la necesaria apertura a otros modos de ser, es el camino genuino de aporte a la cultura universal” y “en tal sentido, como integrantes del pueblo latinoamericano de tradición cristiana, afirmamos los valores de solidaridad, de fraternidad, sentido festivo y de pertenencia y búsqueda de lo trascendente”. Por ello “invitamos, entonces, a nuestros gobernantes, intelectuales, artistas, educadores, comunicadores sociales, y al pueblo en general, a unirnos en la tarea de dar respuestas al mundo del presente desde nuestros orígenes culturales. Para ello, consideramos necesario sostener y recrear aquello espacios donde vienen siendo posibles nuestras manifestaciones culturales, creando, a la vez, nuevos ámbitos para el desarrollo integral de nuestro modo de ser”.
El párrafo siguiente plasmaba la inquietud de Julio Cásares que todos compartíamos:”sostenemos, en tal sentido, la necesidad de convivencia del hecho cultural y la reflexión que tal actividad genera”. El final aunque prudente, optaba por la esperanza: “con la humildad del que sugiere, y con el orgullo de sentirnos protagonistas de este tiempo histórico de integración, levantamos la bandera de la unidad y esperanza junto al hondo latir musical de nuestro pueblo para regar el sueño de nuestros mayores, confiados en la venturosa aurora de nuestros hijos”.
El texto, de elaboración y redacción colectiva fue firmado en el siguiente orden: Julio Cáseres(Corrientes), Fermín Chávez (Entre Ríos), Pablo Hernández (Buenos Aires), Víctor Seri (Entre Ríos), Polo Nuñez (Formosa), Colón Rivero (Entre Ríos), Jorge Esteban López (Entre Ríos )y Salvador Cabral, Elida Vigo y Miguel Barrios por Misiones, provincia donde se desempeñaban, aunque los dos nombrados eran correntinos y Elida Sanjuanina. El aplauso que coronó la lectura fue estruendoso y la modulación de Julio Cásares que supo dar tono poético a la declarativa prosa, sumado al vigoroso respaldo musical de Los de Imaguaré, tuvieron mucho que ver, nos parece, con la reacción del público. No está de más recalcar, sin embargo, que una propuesta político cultural como la presentada fue masivamente respaldada por un público que entiende lo propio en su dimensión profunda y universal, tan lejos del chauvinismo tradicionalista como de la frivolidad mediática que apabulla desde la pantalla, el micrófono y el papel.
Un detalle del documento que hemos obviado hasta ahora es, precisamente, el que conmovió a Fermín. Ya estaba el texto definitivo redactado, faltando sólo pasarlo en limpio, cuando surgió la necesidad de ponerle un título. Fue entonces cuando dije, sereno, “como estamos en Entre Ríos, no estaría mal ponerle Pronunciamiento Federal”.El ”gracias, Pablo. Yo no me hubiera animado a tanto” que inmediatamente surgió de la boca de Chávez clausuró cualquier posibilidad de polémica e inmediatamente fue aprobado por los firmantes.
El “ruido” que según Castellani es apetecido por los argentinos, había estallado en la noche Federal siendo bien recibido por el pueblo que premió con su aplauso a quienes se animaban a instalar un debate que no se detenía en lo musical sino que reclamaba espacios para la profundización y el desarrollo de la identidad cultural. En este aspecto había coincidido, por supuesto, los redactores. No estoy tan seguro, sin embargo, de que todos fueran conscientes de que con el título estábamos metiendo “ruido” también dentro del revisionismo histórico. Éramos todos en mayor o en menor grado, admiradores de don Juan Manuel de Rosas y algunos, al menos, de su soberana postura frente a la intervención anglo-francesa de 1845. Pero el “pronunciamiento” del título era también un homenaje indirecto que calaba hondo en los matices del revisionismo y en las visiones historiográficas de los entrerrianos. De esta provincia eran, está claro, el Supremo Pancho Ramírez y Ricardo López Jordán. No menos entrerriano era también, sin embargo, don Justo José de Urquiza, el vencedor de Casero aunque sería inexacto y mentiroso limitar su acción a ese punto. Urquiza había sido un federal severo que en Pago Largo, por ejemplo, había hecho sentir su rigor a los correntinos de Berón de Astrada. Eran gauchos urquicistas, por otra parte, no poco de los combatientes de la Vuelta de Obligado, Antonio Rivero entre ellos, un sargento de Patricios que por edad y por lugar de nacimiento podría ser el mismo gaucho que combatió a los ingleses en las Islas Malvinas, tal como lo insinuó Fermín en una nota escrita durante el conflicto de 1982. Pero fue Chávez, además, el que rescató en 1976 en un Cuaderno de Crisis a los escritores de la Confederación cuando está tenía su capital en Paraná y Buenos Aires se había voluntariamente segregado de la patria. Es Fermín Chávez, por otra parte, quien en 1956, en los días que la Revolución Libertadora implantaba el terror en la Argentina, el que escribió un párrafo contundente y definitorio:
“en su nota interior más profunda, las crisis argentinas son ontológicas, luego morales y después políticas y económicas. Las subestructuras que sostienen a partir de Pavón nuestra República Mercantil tienen el aliento del racionalismo unitario”.
Es en Pavón y no en Caseros, según se deduce de lo citado, nuestra mayor derrota interna, al menos, hasta la de 1955. Que ambos hechos están combinados lo muestra además la circunstancia que el último de los párrafos citados forma parte de Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina, el libro que publica para combatir a quienes se habían encaramado en el poder luego del golpe de estado del 16 de septiembre de 1955 que derrocara al presidente Juan Domingo Perón y junto con él a la democracia.
En el 2004, coherente, Fermín Chavez, seguía metiendo “ruido”: “así como Carlos Marx fue un matrero de la cultura, lo fue también este Johann Gottfried Herder, guapo ante la teología iluminista a la que refutó”. Fermín, también guapo, insiste con su heterodoxia nacional:”a mediados de la década de 1830 Esteban Echeverría trajo de Francia obras de Jean Luis Eugené Leminier, por quien pudo conocer a Juan Bautista Alberdi a Friedrich K. Von Savigny y a Herder.Desde entonces esté no les faltó a los argentinos, hasta el presente”.Luego en 1837 “muchos herderianos”-son sus palabras- posibilitan una interesante lista:”Marcos Sastre, Félix Frías, Juan Llerena, Manuel A. Sáez, José Hernández, Carlos O. Bunge, Ernesto Quesada, José Gabriel, Rodolfo M. Agoglia, Jorge H. Zucchi, Rafael Carrizo, Eugenio Pucciarelli, Saúl A. Taborda, René Orsi y participantes del Primer Congreso de Filosofía, en 1949”.
De aquel encuentro Federal me quedó también de Fermín la dedicatoria manuscrita que estampó en un ejemplar de su antología Aquí me pongo a cantar: “a Pablo Hernández, recuerdo cordial y el homenaje desde el alma”. Otra enseñanza aún más definitiva- incluida en Porque esto tiene otra llave-es, no obstante, la que más presente tengo en éste y otros momentos. El la escribió en 1979. Es en el 2011, en cambio, cuando yo se la robo y se la aplico:”Ahora que sus huesos están quietos, como diría Séneca, después de tanta milicia docente y tanto devenir impune, me doy cuenta, pensando en él, cuán tamaña es la verdad pronunciada por el griego que dijo:'la muerte jamás pone fin a ninguna existencia'. Y el griego era Empédocles, uno a quien Fermín Chávez mucho quería”.


Fuentes

Cásares, Julio; en Piñeyro, Enrique; Pe Henducero, 20 años de canto Imaguaré; Camino Real; 1997.
Chávez Fermín; Aquí me pongo a cantar, Pueblo Entero; 1994.
Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina; Theoría: 1965.
Herder, el alemán matrero; Nueva Generación; 2004.
Profeta de una patria carnal; Crisis; mayo de 1976.
Porque esto tiene otra llave; Pueblo Entero; 2000.
Pronunciamiento Federal; Peña El Rincón de los Amigos; Federal; 5 de febrero de 1994.
Zini, Julián: El árbol de nuestra identidad; Patria Grande; 2005.