viernes, 11 de abril de 2014

DOS HUELGAS-ABRIL 2014

DOS HUELGAS DE ABRIL
Patricia Bullrich, dijo a los diarios: "no es bueno un paro general". Consideró que se trata de "una medida excepcionalísima. Hoy hay paritarias para que los gremios discutan sus salarios. Reconozco que hay inflación y deteriora el bolsillo de los trabajadores, pero un paro general no es solución".
La que fuera ministra de Trabajo – ¡el ministerio de Perón!- cuando De la Rúa rebajó en un 13% sueldos y jubilaciones, no se equivocaba. Un paro general es una medida excepcional, sólo utilizable en circunstancias muy especiales, como fueran aquellas que la argentina sufría en abril de 1979.
Hace tres años, el ahora opositor Hugo Moyano evocaba, en el Día de los Trabajadores, los recuerdos que nos había traído el 27 de abril. Además de la evocación triste de los seis meses de la partida de Néstor Kirchner y del orgulloso recuerdo del octavo aniversario de la fecha en que nuestro país reinició su camino de grandeza dejando atrás un cuarto de siglo nefasto, trajo a la memoria aquel 27 de abril de 1979, cuando se lanzó la primera huelga general contra la tiranía criminal.
10 de abril de 2014
En este abril, el recontra alcahuete (Barrionuevo dixit) de Carlos Menem –de quien nadie sabe si cumplió con su compromiso de dejar de robar por dos años- se ha juntado con quien en 2011 lamentaba la pérdida del presidente patagónico, y con los que por creer que lo bueno es enemigo de lo mejor, le siguen sacando la escalera al que pinta la mayor parte de la pared y deja para cuando pueda el pintar la porción más cercana al techo. Estos llenan de piquetes de veinticinco o treinta integrantes cada uno las entradas de Buenos Aires. El camionero logra que se detenga el transporte público, y el gastronómico aprieta a sus mozos y camareras para entre todos dar la sensación de un país detenido. No parece, esta huelga contra las paritarias en marcha, la asignación universal por hijo o la recuperación de YPF, semejante a otros abriles huelguistas en que los trabajadores se jugaban por sus derechos den de veras arriesgando el pellejo sin exageración.
27 de abril de 1979
Los hombres del 24 de marzo habían creído que sería fácil terminar con el sindicalismo peronista. No comprendieron que, más allá de sus defectos y de la claudicación de algunos dirigentes, éste cumplía con una tarea de representación y de defensa de los intereses de los trabajadores. Y los trabajadores lo sabían.
La dictadura derogó la ley de Contrato de Trabajo y secuestró y asesinó a su inspirador, Norberto Centeno. Las 62 Organizaciones Peronistas fueron prohibidas y la CGT también. Se eliminó el derecho de huelga, las obras sociales fueron separadas de los sindicatos Se trataba de domesticar a la clase obrera para implementar el plan económico de las Fuerzas Armadas. La política de Martínez de Hoz cumplió con su objetivo de superar el conflicto social mediante la desaparición física de uno de sus términos. Para que no hubiera obreros rebeldes había que destruir la industria. Mientras las mazmorras se llevaban a quienes representaban alguna forma de resistencia, la caída del salario a la mitad de su valor de marzo de 1976 y el crecimiento de los índices de desocupación, desangraron a la clase media baja y a los trabajadores. La población asalariada, que en 1975 superaba los 6.000.000 de personas, cayó a menos de 5.000.000 en 1982.
La guerrilla, pretexto del golpe, no daba señales de vida. Los políticos mantenían el silencio, y el movimiento obrero parecía domesticado. Fuera de los moderados desplantes del sector de los 25, sólo el grupo de locas que se reunían los jueves en Plaza de Mayo para demandar la aparición de sus hijos parecía romper la uniformidad.
El éxito del Mundial, con las multitudes en la calle y con Videla vitoreado en el balcón, hizo vivir a los déspotas la sensación de una inesperada popularidad. El conflicto con Chile había fomentado un nacionalismo agresivo de cortas miras. Cuando la intervención papal evitó la guerra, la sensatez predominó, y se vivió el alivio de la lucha evitada, completando –aún contradictoriamente- un año positivo.
Los trabajadores seguían soportando la caída de sus salarios y el crecimiento del desempleo, así como la aplicación de normas laborales que ignoraban las más elementales conquistas.
En los últimos días de 1978, los 25 organizaron en la Capital Federal una cena a la que asistieron los agregados laborales de Estados Unidos y Alemania Federal, y representantes de la ORIT. El dirigente
cervecero Saúl Ubaldini leyó un documento en que se reclamaba el restablecimiento de la Ley de Asociaciones Profesionales, y la legislación del trabajo abolida. Se atacaba a la política económica y se reclamaba la recuperación de los salarios. Las obras sociales debían ser devueltas a los trabajadores, previa su recomposición económico financiera. En lo político, se rozaba lo que los militares consideraban una insurrección: el documento reclamaba el restablecimiento de la democracia, con justicia social.
Los 25 iniciaron su ofensiva poniendo “en estado de alerta a todo el movimiento obrero.” y avanzaron hacia el paro general. El 21 de abril, se reunieron en el sindicato de molineros, y convocaron a la Jornada de Protesta Nacional que se realizaría el 27 para lograr la “restitución del poder adquisitivo de los salarios y la plena vigencia de la ley de convenciones colectivas de trabajo, oponiéndose a la reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales y de Obras Sociales y exigiéndose la normalización y libertad sindical.”
El general Reston, ministro de Trabajo, convocó a los dirigentes para dialogar en el Ministerio. La policía los fue capturando a medida que salían de la reunión. Sin embargo, se había creado un comité de huelga en la clandestinidad. Las organizaciones internacionales reclamaron al gobierno la libertad de los apresados. Lo mismo hicieron el partido Justicialista y la UCR, aunque ambos evitaron involucrarse con la huelga.
El paro afectó al cordón industrial del Gran Buenos Aires y a industrias del interior. También adhirieron los ferrocarriles Roca, Mitre y Sarmiento. No existió prácticamente en el comercio ni entre los empleados públicos. De todos modos, significó un cambio cualitativo en la lucha sindical contra el régimen. La dictadura mantuvo detenidos hasta mediados de julio a los dirigentes de los 25, pero incluso las formas de represión, aún siendo duras, mostraban que algo empezaba a cambiar.


Enrique Manson
10 de Abril de 2014