miércoles, 5 de marzo de 2014

Carta del Presidente Juan DOmingo Perón a José María Rosa

Madrid, 30 de noviembre de 1969
Señor Dr. D. José María Rosa
Buenos Aires
Mi querido amigo:
Por manos y amabilidad del compañero Don Osvaldo Agosto he recibido sus libros “La Guerra del Paraguay” y “Fraudes y adulteraciones en La Caída de Rosas” y deseo agradecerle el recuerdo y el saludo que retribuyo con mi mayor afecto.
Los argentinos tenemos con usted una inmensa deuda de gratitud por habernos puesto en el verdadero camino de la Historia Patria y habernos evitado la vergüenza de seguir transitando entre falsedades e injusticias.
Sé que está fuerte, bien y en la lucha lo que para mí es un gran placer. Quiera Dios que un día no lejano pueda sintetizarle en un abrazo toda mi admiración y mi cariño.
En cuanto lea sus libros le escribiré más largo. Ahora estos muchachos están apurados por regresar.


Un gran abrazo.
Juan Perón

Biblioteca José María Rosa

Suele decirse que José María Rosa fue el creador del revisionismo histórico o, con mejores razones, el gran divulgador de esa corriente que denunciaba la falacia de la Historia Oficial. Sería más apropiado señalar que con él, la interpretación revisionista de nuestro pasado puso al pueblo como protagonista principal.
Fue, desde el primer momento, uno de los principales representantes de esta corriente. Pero fue la experiencia peronista, y su propio compromiso personal, lo que lo llevó al riesgo de ser fusilado, y al exilio en Uruguay y España, donde completaría la formación de su personalidad de historiador y de político.
Abogado a los 20 años y luego de un breve ejercicio de la profesión y de desempeñarse como juez de instrucción, se volcó al conocimiento y a la enseñanza de nuestro pasado. Ya en su etapa de juez, trató, como él mismo recordaba, de “dar a cada uno lo suyo, según su ciencia y su conciencia.
Tras una etapa en la Democracia Progresista, en los años treinta, cuando aún no había descubierto la soberanía popular, se encontró con el pueblo real. Nacido y criado en un ambiente antiyrigoyenista –es decir contrario a lo popular- y anti federal, lo que lo acercaría a la historia oficial, su amor a nuestra historia y su profundo patriotismo lo hicieron descubrir en Rosas al defensor de la Soberanía. Al héroe de Obligado. Al que no aflojó un tranco de pollo a los imperios gringos y que se ganó el sable de San Martín. Participó de la fundación del "Instituto de Estudios Federalistas".
Un 17 de octubre se encontró con “mi gente (la que) sentía la vida como yo, tenía mis valores, no se manejaba por palabras sino por realidades: era el pueblo, era mi pueblo, era el pueblo argentino… Comprendí dónde estaba el nacionalismo. Me vi multiplicado en mil caras, sentí la inmensa alegría de saber que no estaba sólo, que éramos muchos”.
Y desde entonces marchó junto a ese pueblo. Comprendió que se había cumplido la profecía de Fierro “Hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar”, y se abrazó a esa causa con el fervor que lo llevaría a la cárcel, al exilio y a ser hombre de confianza de Perón.
En 1942 publicó su primer obra de historia argentina, "Defensa y Pérdida de nuestra independencia Económica". A éste seguirían "Nos Los Representantes del Pueblo", "La Misión García ante Lord Strangford" y "El Cóndor Ciego".
La llamada "Revolución Libertadora" lo encarceló por haber dado refugio a su amigo John W. Cooke y por corromper a la juventud con su "rosismo". Salió para militar en el trágico intento del General Valle el 9 de junio de 1956, y la reacción gorila lo buscó para fusilarlo, pero consiguió exiliarse en Montevideo y luego en España. Allí publicó “Del Municipio Indiano a la Provincia Argentina”, y su monumental “La Caída de Rosas”.
Vuelto a la Patria, se hizo cargo del Instituto Juan Manuel de Rosas y fue parte de le Resistencia Peronista, convirtiéndose en uno de sus referentes más respetados y queridos. Es en ese período que el peronismo tomó con entusiasmo las banderas revisionistas y las hizo suyas. De esa época son sus libros "Rivadavia y el Imperialismo Financiero" y "Francisco Solano López y las montoneras Argentinas", lo que le ganó el corazón de los paraguayos.
El 17 de noviembre de 1972 integró la comitiva que acompañó el retorno de Peróni. Para entonces ya se había publicado su clásica Historia Argentina. Tras el golpe de 1976, regresó a Buenos Aires, donde sus libros eran retirados de las bibliotecas y su nombre puesto en un "cono de silencio". Pero el viejo luchador no se resignaba a quedarse de brazos cruzados. Ya viejo, dirigió la revista Línea "la voz de los que no tienen voz”, con el propósito de mantener la llama del pensamiento nacional y mostrar que subyacía otra Argentina llamada a renacer.
Los chacales no se atrevieron a desaparecerlo, pero así como se había jugado la vida con Valle contra los fusiladores de 1956, seguía poniéndose en la línea de fuego, cuando los dirigentes políticos actuaban con comprensible prudencia.
Ahora, cuando más vivimos los valores que defendió, los hombres de la historia establecida lo quieren condenar al peor castigo que puede sufrir un historiador: borrarlo de la memoria. Pero si nuevamente han venido un criollo, y una criolla –antiguos discípulos suyos- “en esta tierra a mandar”, como anunciaba Martín Fierro, es hora de rescatar aquel reconocimiento que, en 1969, le hiciera el propio Perón: “los argentinos tenemos con usted una inmensa deuda de gratitud, por habernos puesto en el verdadero camino de la Historia Patria y habernos evitado la vergüenza de seguir transitando entre falsedades e injusticias.”
Es propósito de la Biblioteca y Centro Documental José María Rosa la recuperación y la reflexión sobre la obra y el pensamiento de Don Pepe Rosa, y con él, el de otros pensadores de la corriente revisionista popular como Fermín Chávez, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, René Orsi, Vicente Sierra, Gabriel Puentes, y su difusión a través de publicaciones y de la actividad de la Cátedra Libre de Historia Nacional José María Rosa, en el marco del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.
(Con importantes elementos aportados por el hijo del prócer, Eduardo Rosa)