viernes, 28 de noviembre de 2014

Visita del Instituto Dorrego a San Martín de los Andes

En San Martín de los Andes Miembros del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, reunidos con el Gobernador y el Intendente en el marco de las Jornadas de Historia del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego.



Miembros del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego en San Martín de los Andes, para las Jornadas de Historia Nacional. Enrique Manson, Julio Baraibar, Luis Launay, Pablo Vázquez.

martes, 25 de noviembre de 2014

Presentación del Libro JOSÉ MARÍA ROSA-TEXTOS SELECTOS-en la Agrupación Fermín Chavez de Gualeguachu

En la imagen se ve la posterior recepción que realizo la Agrupación Fermín Chavez, luego de la Presentación del Libro José María Rosa- Obras Selectas, de la mano del escritor Eduardo Rosa, miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. 

"PEPE" ROSA SOBRE POR QUÉ EL 20 DE NOVIEMBRE ES EL DÍA DE LA SOBERANÍA


El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno de los presentes. François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia. De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.
Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley, que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr, De Lurde hasta entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante Mackau ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.
Los Antecedentes de la Intervención
Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero – que sembró la guerra civil – a la Confederación Argentina gobernada por un hombre del carácter férreo de Rosas.
Hacia 1842 la política de la entente cordiale de Inglaterra y Francia hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios – libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables – de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa, desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de los mares – es decir: su libre navegación – a los ríos interiores argentinos, y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo y extenso virreinato del Plata.
De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis.
En febrero de 1843 esperábase por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843 no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.(1)
La misión del argentino Florencio Varela
De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.
Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica en el Plata.
Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas – lo decían las instrucciones – con la libertad absoluta de comercio y la libre navegación de los ríos. (2)
Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización", la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos de barbarie que convenía atribuir a Rosas.
El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres, recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.(3)
Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían a Londres a los fines de su misión.
Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.
Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.
Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.
Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas; jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.
Váse de Europa – después de una gira por París, donde tuvieron mayor éxito las Tablas de sangre – mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores". "La Inglaterra – escribe en su Diario de viaje – no conoce ni sus propios intereses."
La cena de Guizot

La derecha nacionalista antipopular y antidemocrática ha reivindicado históricamente la batalla de la Vuelta de Obligado.
En 1844 las cosas mejoraron y la entente cordiale pudo reanudarse. Más alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios y de legiones.
Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano ni darle entrada al Plata.
Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones, como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.
Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos") lo despacha a París.
Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación de Brasil.
Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la, noche del 13 de enero de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante ¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención?
Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después de lo ocurrido con Aberdeen.
Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público, pero evidentemente no producían efecto en los políticos.
Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.
En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio: es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran energía y un hombre muy querido por los suyos.
Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría a los puertos".
A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole los beneficios comerciales posibles".

Banderas federales desplegadas en la batalla de la Vuelta de Obligado
Abrantés está de acuerdo, en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible; a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí, deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.
En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".
Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).
Lo que se buscaba era otra, cosa, para lo cual el gobernante argentino carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay..
De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales; de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio, alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.
Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales" que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la, participación del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra concluyendo con Oribe".
Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas, pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados participaban en común, también en común deberían emplearse".
Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.

Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión". Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo que se hiciera a oriente de este río.
Guizot resume las opiniones como final del debate.
Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera, usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".
Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza con los interventores.
Brasil se retira
Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente no se quiere la participación brasileña.

Sitio de la batalla de la Vuelta de Obligado, imagen satelital
No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención.
Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio), y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.
Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada su misión se retira de París.
Empieza la Intervención
Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.
Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis con idéntico propósito en nombre de Francia.
Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación, cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y Lainé.
Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo, arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos la del corsario Garibaldi.
Ante ese hecho – ocurrido el 2 de agosto de 1845 – Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
Obligado (20 de noviembre)

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Año 1845. Descargar el Diario del Bicentenario completo en un paquete (195,3 Mb)
El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el asalto que siguió.
El 5 de setiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi, con sus propias manos – que más tarde serían esculpidas en bronce en una plaza de Buenos Aires –, arrió la bandera argentina.
De allí la escuadra se divide. Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra.
Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar" que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.
Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.
Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.
Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.
Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.
Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía vencer.
Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías.
Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos.
Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice el bravo almirante.
¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega a Corrientes, y de allí intenta el regreso.
En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una victoria" – el paso fue forzado – con ingentes pérdidas.
Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar el Paraná es muy peligroso y muy costoso.
Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió seguro. Se deshace la intervención.
Poco después – 13 de julio de 1846 – Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar en jugoso precio de laureles.
Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.
Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil. En beneficio suyo – como en 1845 y 1846 – era otra cosa. Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina (en mi libro La caída de Rosas traigo la documentación pertinente).
Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela – no tenía más falta que la de ser equivocada... Si llega a formularse nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265), lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental es terminante y decisiva.
En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela. La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo mas lamentablemente deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.
Las Tablas enumeran 480 cadáveres atribuidos a Rosas: muchos con nombres repetidos, y otros con las iniciales N. N., difíciles de individualizar. No se dice si son por delitos comunes o políticos. Y los métodos empleados al parecer por Rosas y sus mazorqueros son de lo mas variados: fusilamientos, degüellos, envenenamientos con masitas en una confitería porteña, etc. En total: 480 cadáveres a Rosas, dos libras esterlinas redondas (480 peniques) a Rivera Indarte.

Es presumible que la enorme suma de 22.030 cadáveres, a la que llega el aprovechado cordobés sumando a los 480 de sus Tablas "todos los caídos y posibles caídos anónimos en las diversas batallas y combates desde 1829", haya sido un lance para elevar a 96 libras esterlinas (22.030 peniques) sus honorarios. Pero no debieron pasar sin observación por la severa contabilidad de la Casa Lafone.

NOTAS:
(1) Luis Felipe proyectaba casar a Isabel II, de España, con su hijo, el duque de Montpensier, a lo que Inglaterra se oponía.
(2) Fuera de sus instrucciones escritas (atinentes exclusivamente a los intereses de Montevideo) Varela llevaba otras ofertas a Londres. Entre ella la de la creación de la República de la Mesopotamia, separando a Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina y poniéndolos bajo la tutela inglesa. Esta era una vieja aspiración de los unitarios, que Varela expresaría más tarde en su diario Comercio del Plata (16-6-46), y se encuentra en la correspondencia de Carril a Varela (especialmente la carta de marzo de 1845 repr., por G. F. Rodríguez Contribución histórica y documental III, 393). Varela, antes de ir a Londres, habló al general Paz de este proyecto como dice éste en sus Memorias (ed. 1917, III, 279).
(3) La denuncia del precio de un penique el cadáver convenido entre la Casa Lafone y Rivera Indarte, fue hecha por el Atlas de Londres (nº de 1-3-45) y reproducida por La Presse, de París.

Bibliografía
ARANA, Enrique: "Rosas y la Política Internacional".
EZCURRA MEDRANO, Alberto: "La Vuelta de Obligade". (Rev.
J. M. de Rosas, Nº 8.)
MANSILLA G.: "La Vuelta de Obligado". (Rev. J. M. de Rosas, Nros. 15-16.)
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: "Rosas Frente al Imperialismo Inglés".
RAMIREZ JUAREZ: "Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la Plata".
Fuente: Nac&Pop

PROGRAMA DE VISITA INSTITUTO DE REVISIONISMO HISTORICO MANUEL DORREGO a SAN MARTÍN DE LOS ANDES


jueves, 27. noviembre 2014


PROGRAMA VISITA INSTITUTO DE REVISIONISMO HISTÓRICO MANUEL DORREGO
Salón Municipal de San Martín de los Andes
17 HS. Presentación de la Comisión Directiva, con la presencia del señor Intendente Municipal Juan Carlos Fernández. (C.D. , Secretaria de Cultura, autoridades invitadas)
Palabras del señor Intendente Municipal Juan Carlos Fernández
Palabras del Presidente a cargo del Instituto Nacional Manuel Dorrego, Luis Launay
18 HS. Reunión regular de la Comisión Directiva del Instituto de Revisionismo Histórico Dorrego
Viernes 28 de noviembre
Jornadas de Historia Nacional
SAN MARTÍN DE LA HISTORIA
Organizadas por la Municipalidad de San Martín de los Andes y el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego
17,30 HS. Bienvenida a cargo del Sr. Intendente Municipal Juan Carlos Fernández
Palabras del Presidente Luis Launay.
16 HS. Conflicto y unidad en nuestra América. Expositor invitado, Enrique Manson, miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego
18:00 HS. De áreas fronterizas en un contexto novedoso de municipio intercultural. Expositor invitado, Alberto Pérez, director del Museo Arqueológico de San Martín de los Andes
SÁBADO 29/11 
09:30 HS. La Patagonia ¿Parte fundamental de la argentinidad o región diferenciada?, Expositor invitado, Pablo Vázquez, miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego.
11:30 HS. La Patagonia como ámbito para la integración de los pueblos suramericanos, Expositor invitado, Julio Fernández Baraibar, miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA NOCHE DE LOS MUSEOS EN EL INSTITUTO DORREGO


El sábado 15 de noviembre, desde las 20:00 hasta las 03:00 am., las puertas del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego" estuvieron abiertas en la Noche de los Museos. Más de 800 personas participaron de las disertaciones, música en vivo y visitas guiadas por las muestras itinerantes preparadas para la ocasión: "La Guerra del Paraná: Lugares, objetos y significados de la Segunda Independencia Argentina”; y el “Salón de la Patria Grande: muestra de las banderas de 
Mención especial tuvo el combate de la Vuelta de Obligado, que tal como lo menciona nuestro Presidente Emérito, Mario “Pacho” O’Donnell: la Vuelta de Obligado es una de las dos mayores epopeyas militares de nuestra patria naciente –junto con el cruce de los Andes–, al punto que San Martín lo definió como una segunda guerra de la Independencia.

Las cadenas originales utilizadas en Vuelta de Obligado, balas de cañón, piezas de armamentos, vestimenta e insignias de la época formaron parte de la muestra perteneciente a la colección personal del Miembro de nuestro Instituto Antonio Testa y otros, quién además estuvo asesorando a los/as visitantes brindando conferencias sobre los objetos y episodios ocurridos en la Guerrá del Paraná. Banderas del Batallón de Patricios con la leyenda “Vivan los federales. Mueran los salvages unitarios”, colgaban de las paredes del Dorrego representando el sentimiento de época. A su vez, las banderas pertenecientes a la Marina, Bandera de la Provincia de Bs. As y bandera de Provisiorios de San Nicolás acompañaron la muestra.

Durante toda la noche en el auditorio se sucedieron diversos números musicales: el cantautor Mario Trejo y el conjunto "Buena Cepa" compartieron con los/as presentes repertorios de música folclórica que incluyeron gatos, chacareras, zambas y huainos.

Un espacio particular tuvo el tango con la presentación de “A tango traviesa”, donde de la mano de Marta Pizzo, Graciela Muñoz y Enrique Catalano, brindaron un espacio para la poesía y el 2x4.

Hubo disertaciones sobre "Revisionismo Histórico: Tradiciones, Cultura y Política" a cargo de los Miembros de nuestro Instituto, Enrique Manson y Osvaldo Vergara Bertiche, quien también estuvo acompañando y presentando los espectáculos musicales.

Para finalizar la noche, las jóvenes Mariana Regueira y Cecilia Calabro compartieron un tributo al rock nacional, y la trovadora Paula Ferré realizó un recorrido por las canciones sociales que han persistido en el compromiso y la memoria de los pueblos.

A su vez, ese sábado 15 de noviembre, se realizó la primera transmisión en vivo de “Radio Federal”. Ésta es una iniciativa en crecimiento de la puesta en marcha de una radio online propia del Instituto Nacional “Manuel Dorrego”, con el objetivo de divulgar y promocionar nuestra historia nacional, popular, federalista e iberoamericana. Celebramos este nacimiento!

Los/as visitantes provenientes de los cien barrios porteños, de provincia de Buenos Aires y extranjeros de visita en nuestro país, se notaron muy a gusto con la propuesta de esta jornada cultural, nocturna, diferente, donde tuvieron la oportunidad de realizar un paseo por la historia y por la música de nuestro territorio.
Compartimos aquí la transmisión en vivo de la Noche de los Museos por DORREGO TV

ACTO EN CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL


Este jueves 20 de noviembre, en el sitio histórico Vuelta de Obligado, ciudad
de San Pedro, provincia de Buenos Aires, se realizará el Acto de Conmemoración
 al Día de la Soberanía Nacional.
La Comisión Nacional Permanente de Homenaje a la Vuelta de Obligado y
el Instituto Nacional "Manuel Dorrego" a participar de la ceremonia.
El jueves 20 de noviembre, a las 08:00 hs, desde Rodríguez Peña 365
saldrán colectivos rumbo a San Pedro. Para solicitar su pasaje envié un correo electrónico a comisionvueltadeobligado@gmail.com con nombre completo y DNI del interesado/a.
Atte.
Luis Launay
Presidente de la Comisión Nacional Permanente de Homenaje a la Vuelta de Obligado.

martes, 18 de noviembre de 2014

DIPLOMAS DE CURSOS AÑO 2014

Estimado/a Estamos preparando los Diplomas para todos los que cumplieron la asistencia del 70% de los cursos , seminarios y talleres del año 2014. Para evitar gastos innecesarios solicitamos que los interesados en recibir el Diploma nos envíe a vuelta de correo, su nombre y apellido correctamente escrito. La no respuesta a este mail será entendido como el no interés en recibir el Diploma correspondiente. La experiencia en los años anteriores dejo como resultado una importante cantidad de diplomas sin retirar lo que implicó un trabajo y un gasto inútil. Esto justamente es lo que queremos evitar. La fecha límite para contestar dicho mail es el viernes 21 de noviembre hasta las 18. Muchas gracias y esperamos la respuesta.
seminario@institutonacionalmanueldorrego.com

lunes, 17 de noviembre de 2014

Jornada de Historia Nacional en San Martín de los Andes

Buenos Aires, noviembre 17 de 2014
Enrique Manson y Luis Launay

Este año el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego realizara una reunión especial en la localidad de San Martín de los Andes, donde asistiran los siguientes miembros de la comisión:
Luis Launay, presidente
Hugo Chumbita, vocal de la Comisión Directiva
Julio Fernández Baraibar vocal de la Comisión Directiva
Enrique Manson vocal de la Comisión Directiva
Pablo Vázquez prosecretario de la Comisión Directiva
Concretando con esta visita una jornada de Historia Nacional, la misma constará de cuatro paneles a desarrollarse la tarde del 28 y la mañana del 29. También participará el Sr. Ignacio Politzer que residente de la localidad de Bariloche. Pueden participar gente de todo el país ¡y de Latinoamérica! Será un espacio de formación histórica, cultural y militante.
Este evento tiene como objetivo ser el primero que se llevara cabo en convenio con la Municipalidad de San Martín de los Andes. A firmarse en las fechas estipuladas con el Sr. Intendente de la Localidad Juan Carlos Fernández.
El Instituto Nacional Manuel Dorrego es una institución cuya jurisdicción y actividades se extienden a todo el territorio de la Nación Argentina, sin excluir asimismo a las Naciones Hermanas componentes de nuestra Patria Grande.

Este programa de acciones será a partir de ahora un método regular de actividades consistente en visitas, con una frecuencia cuatrimestral, a localidades de las distintas regiones de nuestra Patria, en las que se realizarán en cada caso una reunión formal de la Comisión Directiva y una jornada de labor académica junto con historiadores, docentes e interesados por nuestro pasado.

lunes, 27 de octubre de 2014

Un hombre de la Patria Grande, por Enrique Manson en Miradas del Sur, sobre Nestor Kirchner, en el cuarto aniversario de su desaparición física.

Los argentinos esperábamos la visita del censista. Escuchábamos distraídamente la radio cuando creímos oír que “el ex presidente Néstor Kirchner, figura central de la política nacional de los últimos tiempos, murió esta mañana como consecuencia de un paro cardiorespiratorio”. 
La tragedia de 1976 vació la política. Los padres no querían que sus hijos sufrieran el castigo soportado por la generación anterior. Luego vino el descreimiento por la visión entre comercial y delictiva de la política más reciente. 
El flaco bizco y desaliñado que había recibió el bastón el 25 de mayo de 2003, era imaginado por muchos como el muñeco de un ventrílocuo. Mariano Grondona, convertido en demócrata, habló del Cámpora de Duhalde, que éste manejaría a  capricho.
Acababa de anunciar que se disponía a “fijar, junto a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo...”
El pueblo había “marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio.” Porque “nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos, energías malgastadas en luchas estériles... Al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí.”
“Se intentó reducir la política, el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses.”
Se requería un cambio que implicaba “medir el éxito o el fracaso de la política desde otra perspectiva.” Había que “reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno, con la sociedad”. En lo social, la justicia se alcanzaría “en una Argentina… donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo”. Había que “recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad... El Estado es “el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades.”
Pero si hubo una frase que definió lo que sería la nueva política fue: “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno”. 
Días antes de asumir, el periodista Escribano, escribió que “la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”. Washington “no veía con buenos ojos a Kirchner”. Seguía un pliego de condiciones a las que el presidente debía allanarse.
El presidente respondió con energía desbordante. En Entre Ríos no habían empezado las clases por huelga docente. Al día siguiente de asumir, viajó con el ministro Filmus, a Paraná. Solucionó el conflicto y los chicos tuvieron clases. Filmus recordaría, años después, que en esos días le dijo, mirando las manifestaciones de la Plaza, “Daniel. Yo nunca voy a reprimir.”
El general Brinzoni, jefe del Ejército, quería permanecer en el cargo y lo hizo saber. A los cuatro días era un retirado. Lo reemplazó el general Roberto Bendini, cocido de Río Gallegos. 
El Congreso no había terminado con la cuestionada Corte menemista. El presidente denunció a su titular, Julio Nazareno. Incondicional de Menem, había intentado presionarlo. No hizo falta utilizar los “remedios” que Kirchner había exigido, pues renunció para evitar el juicio político.
Iniciada, con dificultades, la reactivación de la economía, con una industria renaciente y un impulso hacia el desarrollo de la obra pública, era prioritario reconstruir las relaciones financieras internacionales. Kirchner presentó una propuesta para salir del default. Esta contemplaba reducción del capital adeudado de 75%, aunque no gustaba al Fondo Monetario Internacional y sus seguidores. La firmeza del presidente quebró resistencias y provocó una quita récord. Poco después, se canceló la deuda con el FMI.
El punto final, la obediencia debida, y los indultos de Menem mantenían la impunidad de los criminales. La apropiación de bebés, no prevista en esas leyes, permitió detener a Videla y a Massera. Jueces y congresistas anularon la impunidad. La nulidad se extendió a todas las responsabilidades. 
El 24 de marzo de 2004, a los 20 años de la dictadura, la Escuela de Mecánica de la Armada fue desalojada de su predio, convertido en Museo de la Memoria. En el Colegio Militar, Kirchner ordenó al general Bendini que quitara los cuadros de los dictadores Videla y Bignone de la galería de directores de la institución.
Ese 28 de octubre, los argentinos redescubrieron la pasión política. El 25 de mayo de 2003, el desconocido pingüino de Santa Cruz no había dejado sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada.


Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego 
www: institutonacionalmanueldorrego.com - Dirección: Rodríguez Peña 356. CP: 1220 CABA Argentina - Teléfono: 54 11 4371 6226
Las opiniones vertidas en este suplemento corren por cuenta de sus autores y están abiertas al debate. 
Mail: contactos@institutodorrego.gob.ar - contactos.institutodorrego@gmail.com

viernes, 24 de octubre de 2014

INSTITUTO NACIONAL DE REVISIONISMO HISTÓRICO DONDE FUNCIONA EL CENTRO DOCUMENTAL JOSÉ MARÍA ROSA












La finalidad del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego" es estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico.
El Instituto prestará especial atención a la reivindicación de la participación femenina, y reivindicará la importancia protagónica de los sectores populares, devaluada por el criterio de que los hechos sucedían sólo por decisión de los “grandes hombres”. También prevé dar lugar al aporte enriquecedor del arte, la literatura, el cine, la música y todas aquellas manifestaciones culturales que ayudarán a establecer la importancia de la revisión histórica.
En el marco de las actividades de la promoción de investigaciones que promuevan los objetivos del Instituto se otorgarán dos premios:
a) Premio "JOSE MARIA ROSA", que será otorgado al historiador, ensayista o pensador argentino que más se haya destacado en la investigación, elaboración y divulgación de la historia revisionista nacional.
b) Premio "JORGE ABELARDO RAMOS", que distinguirá a quien se haya destacado, dentro del territorio iberoamericano, en la historia revisionista continental.
El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego" tiene como objetivos:
  • La investigación histórica y los estudios historiográficos, críticos, filosóficos, sociales, económicos, educacionales, jurídicos y políticos referidos a la acción pública y privada de Manuel DORREGO y de todas y todos aquellos que, como él, abogaron por una Patria de raíces nacionales, populares, democráticas y federalistas.
  • La elaboración de publicaciones y organización de eventos culturales, viajes, seminarios, congresos, jornadas, reuniones académicas y de investigación científica, tanto en su sede como en establecimientos educacionales, civiles y centros de cultura del país.
  • La creación de museos, archivos y registros documentales, biográficos, bibliográficos, iconográficos, numismáticos, filatélicos y similares, como así también, la realización de concursos y cursos literarios, históricos y musicales, entre otros, pudiendo otorgar distinciones y premios, dentro y fuera del país.
  • La puesta en marcha de un banco de datos, archivo gráfico, biblioteca, hemeroteca, cinemateca y videoteca, sin invadir la jurisdicción de otras instituciones científicas o historiográficas.
  • La realización de estudios, investigaciones, cursos, conferencias, seminarios y publicaciones acerca de la participación de la mujer y los sectores populares en la vida política, económica, social, y cultural de nuestro país.

miércoles, 22 de octubre de 2014

HUGO CHUMBITA RECIBIRÁ EL PREMIO A LA CULTURA "ARTURO JAURETCHE"


22 Oct 2014  

HUGO CHUMBITA RECIBIRÁ EL PREMIO A LA CULTURA "ARTURO JAURETCHE"











El jueves 23 de octubre, 19h, en el auditorio de SADOP en Tte. Gral. Juan Domingo Perón 2625 -CABA-, el Miembro de nuestro Instituto, Hugo Chumbita, recibirá el Premio a la Cultura "Arturo Jauretche" por su labor investigativa.
Este galardón fue instituido como forma de reconocimiento a todas aquellas personas cuyo desempeño fue importante en la lucha por la construcción de un pensamiento nacional, popular y democrático. Personas que han sido “olvidadas” por el aparato del prestigio que premia solo a hombres y mujeres funcionales al sistema y que han colaborado desde la cultura con nuestro sometimiento nacional.

El Premio Jauretche es anual y consta de una estatuilla de cuatro kilos ochocientos  gramos en bronce. Es una escultura sobre la imagen de don Arturo Jauretche esculpida por el artista nacional Carlos González. Este galardón, en otras disciplinas, también lo recibiran Juan José Camero, Nora Lafon, “Tata” Cedrón, Francisco Maglio, Víctor Laplace,  Faustino Schiavoni, Luisa Valmaggia, Damián Loreti, Ilda Bustos y Aldo Capece.

jueves, 16 de octubre de 2014

Gacetilla de Prensa-Juan Carlos Cantoni en el CURSO TALLER-ARGENTINA EEUU una relación no siempre carnal


Cátedra Libre de Historia Argentina José María Rosa del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego.
Presentara el día viernes 17 de Octubre 2014, a cargo Profesor Juan Carlos Cantoni la siguiente disertación: La Argentina en el Occidente Cristiano. La Argentina después de 1955. Kennedy y el patio trasero. El Tercerismo desarrollista. La expulsión de Cuba de la OEA. La Doctrina de la Seguridad Nacional y la teoría de la dependencia. Onganía frente al peligro rojo. La Conferencia tricontinental. Distensión de las fronteras ideológicas. Perón rompe el bloqueo a Cuba. La crisis del petróleo. Carter y los derechos humanos. América is Back. El Documento de Santa Fe.
La jornada se llevara a cabo en el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, en el salón de reuniones previsto en el marco del curso taller: " Argentina Estados Unidos -una relación no siempre carnal", llevado adelante por el Profesor Enrique Manson y el Lic. Fabian Lavayen.
Esperamos contar con la presencia de los participantes y nuevos interesados a sumarse en esta jornada especial debido a la histórica fecha. 

martes, 14 de octubre de 2014

ESTUVIMOS CON ANTONIO


Se murió Antonio Cafiero. Un hecho tan triste como previsible a los 92 años del viejo compañero. Pero para el Instituto Nacional Manuel Dorrego, depositario de una tarea, de recuperación, revisión y reinterpretación de nuestra memoria desde un punto de vista nacional y popular, es ante un hecho histórico trascendente.
No faltará quien haga estimaciones numéricas acerca del lugar que Antonio ocupaba entre los peronistas de ayer y de hoy. No faltará quien se plantee que era el último histórico, o el penúltimo, u otra cosa.
La partida de Cafiero es el final de una vida de las que trasciende generaciones, que junta a los de ayer, con los que venimos transitando hace mucho, con los intermedios y, sobre todo, con los jóvenes que han vuelto a la política después de la larga pausa provocada por la tiranía criminal y por la frivolidad “neoliberal” de los ’90.
En los libros, en las biografías que inexorablemente se escribirán en el futuro, estarán las etapas, las innumerables etapas, de la vida política de quien fue todo, menos aquello a que solía decir con razón que aspira todo político: presidente de la Nación.
Esas biografías se detendrán naturalmente en los aciertos y en los errores. En sus virtudes y en sus defectos. Pero hombres como Cafiero, que han sabido transitar la historia -¡nueve décadas!- con un compromiso y una ilusión. La de alcanzar una Argentina Justa, Libre y Soberna, llenan nuestro corazón con emociones distintas. Para los de mi generación, por ejemplo, con la que sentimos cuando lo vimos en el balcón al lado de Alfonsín, el adversario, el que más tarde recitaría el lamentable Felices pascuas, enfrentando a quienes reivindicaban a los desaparecedores y torturadores. En el orgullo de escuchar su discurso al sentarse en la Cámara de Diputados para reivindicar la defensa de la soberanía económica frente a quienes se habían quebrado ante los poderosos del mundo.
Y en aquella tarde de La Plata de 1987, cuando desde su recién asumido cargo de gobernador bonaerense, dejaba toda pompa de lado para recordarnos que a la hora de volver a nuestros hogares, resumiéramos las emociones vividas diciendo a los nuestros, sencillamente: Estuve con Antonio

Enrique Manson
Miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego
13 de octubre de 2014

miércoles, 8 de octubre de 2014

ARTIGAZO EN EL IUNA

ARTIGAZO EN EL CONGRESO DE FOLKLORE-IUNA
DEL 7 AL 10 DE OCTUBRE -Loria 443- CABA
VIERNES 10/10 DE 14 a 16 en el AULA 1 con la MESA:
"Andresito y Artigas, revolucionarios y federales".
De la mesa participarán Hugo Chumbita,Enrique Manson,Jorge Rachid,Andres Repar y Eduardo Nocera.
Se proyectara el documental "Diferentes pero Iguales", del historiador entrerriano Francisco Senegaglia, y habrá música regional rioplatense en la voz del cantautor Carlos el Negro Juárez.


lunes, 6 de octubre de 2014

DE GAULLE EN ARGENTINA. 50 AÑOS DE COOPERACIÓN FRANCO-ARGENTINA

 Con motivo de cumplirse este año el 50 aniversario de la histórica visita que realizara el ex Presidente de Francia Charles de Gaulle a la Argentina, fue inaugurada el pasado 2 de octubre, en el Palacio San Martín, la muestra de fotos y videos “De Gaulle en Argentina, 50 años de Cooperación Franco-Argentina”.
El canciller argentino Héctor Timerman, junto al embajador de Francia, Jean Michel Casa, inauguró la expo.
“Hoy festejamos los 50 años de esa visita que fue un hito para la Argentina y para toda América Latina. Recibimos a uno de los íconos de la lucha contra el fascismo. Pero, además, durante esa visita se firmó el Convenio de Cooperación Cultural, Científica y Técnica aquel 3 de octubre de 1964. A su vez, ese convenio enmarca una tarea que hasta hoy continúa con acciones de gran importancia como el relevante intercambio de investigadores y científicos”, afirmó el Canciller argentino.
Por su parte, el embajador Casa sostuvo que “desde la restauración de la democracia en 1983, la relación entre nuestros países ha sido siempre excelente y de gran calidad. Después de Charles de Gaulle, muchas visitas del más alto de nivel han acompañado nuestros intercambios. Podemos evocar la visita oficial a Francia del Presidente Raúl Alfonsín en 1985, la del Presidente Mitterrand a la Argentina en 1987, o la de Jacques Chirac, en el ‘97, hasta las visitas oficiales de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2008, 2011, y más recientemente, en marzo de este año, para inaugurar el salón del libro de Paris, donde la Argentina fue Invitada de Honor".

Nuestro Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego" fue invitado a la actividad. Estuvieron presentes Luis Launay (Presidente) y los historiadores y miembros de la misma institución Enrique Manson y Julio Fernández Baraibar.
La muestra está abierta hasta el 12 de octubre, en el horario de 11 a 18 horas. La entrada es libre y gratuita.















Extraído de la pagina oficial del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Mnauel Dorrego

Argentina-EEUU: una relación no siempre carnal-1°Encuentro

 Se llevó a cabo el primer encuentro del curso Argentina EE UU, una relación no siempre carnal.El mismo se desarrollará durante los cuatro viernes del mes de octubre, en el horario de 18:00 a 20:00 hs, comenzando el viernes 3 y finalizando el viernes 24 de octubre. Los talleres forman parte de una nueva modalidad de trabajo, destinada a generar un intercambio dinámico entre los/as participantes y coordinadores, con el objetivo de profundizar las temáticas a tratar. Cupo máximo: 30 personas.
La inscripción es libre y gratuita y usted podrá inscribirse virtualmente a la propuesta que le interese a través de la página web, llenando el formulario de datos. También lo podrá hacerla vía telefónica al 011-43716226; por correo electrónico a seminariodorrego@gmail.com o personalmente en la sede del Instituto, sita en Rodríguez Peña 365.
Argentina-EEUU: una relación no siempre carnal
El Viernes 3 de Octubre se desarrollaron los primeros ejes de la temática: Dos jóvenes estados; Los políticos españoles y la amenaza norteamericana. La doctrina Monroe. La deglución de medio continente. El triunfo de los industrialistas. Política de Washington en la Argentina. El Tratado Argentino-Británico de 1825. El atropello de la Lexington.


“EL REVISIONISMO HIZO CONOCER NUESTRO PASADO DESDE UNA MIRADA NACIONAL Y POPULAR"

Entrevista a Enrique Manson.
Enrique Manson es profesor de Historia, y ha trabajado como docente y director en escuelas secundarias, en formación docente y en educación de adultos.

Fue funcionario de Educación en la Provincia de Buenos Aires y en el ministerio nacional, y profesor de varias universidades. Paralelamente, militó en el PJ, e integró la Comisión Organizadora del Primer Congreso Nacional de Cultura y Educación del Justicialismo, realizado en Buenos Aires en 1983.

Ha publicado Argentina en el mundo del siglo XX, y con Fermín Chávez, Juan Carlos Cantoni y Jorge Sulé, los tomos 14 a 21 de la clásica Historia Argentina de José María Rosa. Es autor de biografías de José María Rosa y de Fermín Chávez, y en abril de 2010 presentó Proceso a los argentinos (1976/1981), dentro de la colección Entre Dos Helicópteros (1976/2001), a la cual pertenece Tras su manto de neblinas (1981/1982). En 2013 editó Te la hago corta. Historia Argentina para leer en el colectivo, en el subte...

Conferencista y responsable de programas de radio y televisión, recibió el premio Arturo Jauretche, por labor educativa, en 1977. Es miembro titular y vocal de la Comisión Directiva del Instituto Nacional e Iberoamericano de Revisionismo Histórico “Manuel Dorrego”. En este ámbito es responsable de la Biblioteca y Centro Documental José María Rosa y de la Cátedra Libre José María Rosa de Historia Nacional.

–¿Cómo se produjo su identificación con el revisionismo histórico?

–Llegué a la Historia por la política. Me interesa el pasado como origen del presente y proyección hacia el futuro. Buscaba en el pasado los orígenes de mis propios tiempos. Por eso no era ni soy objetivo, porque esa búsqueda no garantiza objetividad. No nos es indiferente ese pasado que nos afecta y al que indagamos desde nuestra subjetividad. Esto no significa falsear intencionalmente los resultados de la búsqueda. Engañar con la Historia sería caer en un autoengaño.

Mi identificación con el revisionismo no fue casual. Tampoco el resultado de una tarea de investigación científica en estado puro. Me crié en un ambiente politizado. Mi padre adhería al revisionismo histórico y a la militancia nacionalista. La familia de mi madre tenía profundas raíces en el radicalismo yrigoyenista, el peludismo, como lo llamaban con orgullo. Antes de mi nacimiento participaron de las actividades de Forja, y eran lectores de las publicaciones del Instituto Juan Manuel de Rosas.

–¿Conoció a los maestros del revisionismo?

–Tuve ese privilegio. Especialmente con José María Rosa y Fermín Chávez. También conocí, aunque circunstancialmente, a Jorge Abelardo Ramos, del que se cumplieron hace poco 20 años de su fallecimiento, que fue el 2 de octubre de 1994, y al cual le rendiste como hijo y discipulo un merecido homenaje en la presentación del libro, editado por Víctor Santamaría como secretario de Cultura de la CGT, con sus mejores polémicas el viernes pasado en el hotel Bauen.

Volviendo al Pepe, supe de su existencia a los 11 o 12 años. En mi casa era Pepe, aunque no tenían trato personal con él. No era muy conocido. En cierto modo, los rosistas –y los nacionalistas– eran algo parecido a una secta, aun dentro del peronismo. Pero para los míos, Rosa era como de la familia. En ese tiempo leí Nos los representantes, donde descubrí que un libro de Historia podía ser tan apasionante como las novelas de aventuras que leía habitualmente. Siempre que surgieran de la pluma de un Pepe Rosa.

En 1956 o 1957 empecé a leer en la revista Mayoría a Pepe, que publicaba desde el exilio adelantos de  su obra maestra: La caída de Rosas. La misma revista publicó más adelante La verdadera historia de la Guerra del Paraguay, origen de otro de sus libros. En 1959 lo conocí personalmente en un curso de Historia Argentina en el Instituto Rosas. Escucharlo era como una ceremonia religiosa. Yo tenía un profesor de Instrucción Cívica muy conservador, antirrosista y democrático a la curiosa manera de esos años. Su amplitud liberal lo llevó a decirnos que estaba dispuesto a respetar el pensamiento de cualquiera. Hasta de quien fuera comunista. Tras una pausa, como si estuviera por pronunciar una palabrota, agregó: “O peronista”. Era lo usual, en esos tiempos. Mucho más doloroso me resultó que pusiera en duda la honestidad intelectual de mis ídolos. “Yo soy amigo –nos dijo– de Pepe Rosa. Se muestra rosista por esnobismo.” Si hubiera dicho que era ladrón y asesino me hubiera ofendido menos. Naturalmente, no le creí. Y seguí asistiendo a la misa que el maestro celebraba.

–¿Usted colaboró con la obra de José María Rosa?

–El grupo político que integrábamos en los ’70 tenía excelentes relaciones con Alfredo Carballeda, gerente de
Editorial Oriente. Alfredo, que confiaba más que nosotros en nuestro saber histórico, nos había propuesto redactar una adaptación de la Historia Argentina de José María Rosa para el secundario. Como estábamos absorbidos por la vorágine política, no le hicimos caso. Luego del 24 de marzo, nos volvió a llamar. La mayoría de nosotros estaba sin trabajo, y naturalmente esta vez recibimos el ofrecimiento con los brazos abiertos. Así aportamos materiales para los tomos 9 y 10 de la Historia.

Pepe no había sido consultado por la editorial, por lo que no era la mejor manera de iniciar una relación. Sin embargo, nos invitó a visitarlo en su casa de la calle Maipú, donde nos hizo sentir muy bien. Escuchamos infinidad de anécdotas, que repetíamos en todas partes con el orgullo de que nos las había contado el maestro. Por fin, corrigió nuestros textos y los dos tomos se publicaron. Ahí se inició una relación amistosa que nos honraría y nos alegraría hasta los últimos días de su vida.

–¿Conoció a hombres de Forja?

–Por mis ancestros peludistas “conocía” de palabra a Jauretche y Scalabrini y me formé en su devoción. Con el autor de Política Británica inicié una costumbre que puede suponerse necrológica: acompañé a mis padres a la Recoleta para su entierro. En mayo de 1974 estuve en el de Jauretche. Dos meses después estuve en la Plaza de los Dos Congresos para el velorio de Perón (había visto desde un piso alto de Avenida de Mayo el cortejo de Evita), y no falté al regreso de Juan Manuel y al entierro de Pepe Rosa. Y algo tuve que ver en la despedida –en Buenos Aires y en El Pueblito– de Fermín.

Con Don Arturo estuve una sola vez, que duró horas y que me empachó de Jauretche, en noviembre de 1972. Siempre recordaré que me dijo que Perón “desconfía de mí porque supone que soy ambicioso. Y ¿qué puedo ambicionar? ¿Ser presidente? No tengo las fuerzas que hacen falta. ¿Ser ministro o senador?: con ser Jauretche, soy más que eso”. Y no exageraba. Conocí a Darío Alessandro, ex juventud forjista, que seguía definiéndose como juventud peronista en 1983. Y que un año antes nos había convocado a treinta o cuarenta locos a reponer el nombre de Scalabrini Ortiz en la esquina de Canning y Santa Fe, durante la guerra del Atlántico Sur.

–¿Tuvo militancia gremial?

–Durante la dictadura de Onganía integré la conducción del sindicato de la Dirección Impositiva. Tras el golpe yo no estaba en el gremio cuando se llevaron presos a mis compañeros secretario general, adjunto y administrativo. Yo era vocal y no me buscaron en mi casa.

Integré la Asamblea constitutiva de Cetera en septiembre de 1973. Mi representatividad era más que cuestionable, pero podemos decir que eso pasaba con la mitad de los asistentes. El gremio nacional docente, que más adelante se acercaría al movimiento nacional, nació dos semanas antes de que Perón ganara su tercera presidencia. Y –¡oh curiosidad!– realizó la primera huelga nacional contra su gobierno. Huelga que se diluyó después de la convocatoria del 12 de junio a la Plaza.

La alianza liberal-PC que lo promovía, proponía que el nuevo gremio adhiriera “en el momento oportuno” a la entidad general de trabajadores (sólo existía la CGT) que “considerara conveniente”. El segundo bloque –izquierdas varias, más o menos revolucionarias– corrigió la propuesta: “Cuando pareciera oportuno… a la CGT”. Me tocó proponer, por la minoría de las minorías, la adhesión inmediata a la CGT. Desarrollé una importante fundamentación, pero nunca en mi vida sentí físicamente tanta presión. No había amenazas –aunque corrían tiempos de violencia superlativa–, pero tal peso tenía la casi totalidad de los delegados que me aconsejaban retirar la moción que llegué a dudar si no estaría loco. Pero me mantuve en mis trece. Naturalmente, perdí, número más, número menos, 500 a 16.

Me desplomé en mi butaca. La misión –aunque derrotada– estaba cumplida. Me llené de orgullo cuando se me acercó una joven periodista para felicitarme. Juro que compré los tres números siguientes de Voz Proletaria, pero la Cuarta Internacional Posadista no dedicó una línea a mi brillante exposición.

–¿Cómo lo conoció a Fermín Chávez?

–Lo conocí el 20 de noviembre de 1973, cuando pronunció una conferencia a la que lo habíamos invitado sin que nos conociera y a la que asistió con su generosidad de siempre. Fui amigo del último Fermín, del Fermín viejo. Después de ese primer encuentro, lo vi poco. Sería en plena tiranía criminal cuando empecé a participar de una actividad político-intelectual ferminiana: el periódico semiclandestino Pueblo Entero.

Hecho a mimeógrafo y en condiciones precarias tanto para la confección como para la distribución, no le faltaba jerarquía en el nivel de sus plumas. Guglielmino, Ponferrada, Castiñeira de Dios, el mismo Chávez toleraban con generosidad la presencia de quienes nos atrevíamos, casi sin antecedentes, a publicar algún artículo. Eso sí, a la hora de la distribución éramos los jóvenes los que colaborábamos directamente con Fermín haciéndolo llegar, a mano, a los barrios más recónditos y en un clima de conspiración tal vez exagerado. Aunque es cierto que después de publicado el primer número, los compañeros Azerrat y Cantoni fueron expulsados del sistema educativo –se les prohibió el ejercicio de la docencia–, lo que era para pensar que en algo molestábamos. Luego de 1983 lo traté más seguido.

–¿Entonces usted no puede considerarse discípulo de Fermín?

–No tuve por Fermín la admiración casi estudiantil que tenía por Pepe Rosa. La relación fue, guardando las distancias de su profundo conocimiento, más horizontal. Una de las primeras diferencias las tuve cuando Alfonsín convocó al plebiscito para aprobar el acuerdo por el canal Beagle. Yo pensaba en ese momento que había que oponerse. Pepe y Fermín opinaban que había que firmar “¡ya mismo!” Rosa, además, había publicado un breve opúsculo de defensa del acuerdo.

Por esos días lo visité, con poco sentido de la oportunidad, para invitarlo a una actividad que no tenía nada que ver con el plebiscito. Pese a que yo no quería tocar el tema, era imposible que la conversación no derivara hacia la cuestión del momento. Cuando entramos en el tema inexorable, tuve la pretensión de discutir. Era imposible. No había equivalencias deportivas entre los interlocutores, y pese a que don Pepe generalmente me escuchaba con atención, no estaba dispuesto a hacerlo en este caso. Para él, la cuestión estaba artificialmente agitada por los militares a quienes había llegado a detestar en los años del proceso y no habría argumentos que lo hicieran dudar. Con más razón cuando yo no tenía el mejor ánimo para discutir con él, y cuando contaba con el recurso de su sordera para no oír lo que no quería.

Después de un largo rato, pudimos salir del tema. Sobre el final de la visita, le hice un pedido. A pesar de que tenía en mi biblioteca todos sus libros, en ninguno de ellos tenía una dedicatoria personal. Tal vez la conciencia de sus muchos años y de que poco faltaba para que nos dejara definitivamente me llevó a señalárselo y a decirle hasta qué punto lo consideraba mi maestro. La dedicatoria no pudo ser más emotiva: “Al amigo Enrique Manson, que se considera mi alumno, y me honra con serlo”. Claro que el título del libro en que la escribió era El problema del Beagle.

–¿Cómo se inició la continuación de la Historia Argentina, luego de la muerte de José María Rosa?

–A principios de los ’90, Fermín estaba indignado con la traición de Carlos Menem al peronismo. Sólo su sentido del humor lo compensaba en parte, como cuando creó la Agrupación Peronista Juan de Austria, porque este príncipe español había peleado contra los turcos en Lepanto. Además, Tona, su primera mujer, se había muerto tras una agonía dolorosa y prolongada. En ese momento Editorial Oriente lo convocó para continuar la Historia Argentina de José María Rosa. Pepe se había muerto el 2 de julio de 1991 y su obra había quedado en el momento del triunfo de Perón. ¿Quién mejor que Fermín para continuarla? Sin embargo, no se sentía con fuerzas para hacerse cargo de la tarea, y propuso buscar un grupo de colaboradores. Resultamos Jorge Sulé, Juan Carlos Cantoni y yo.

El día de la firma del contrato, lo festejamos con un asado en una parrilla de la zona. Una vez más, Perón –ahora desde la Historia– nos daba de comer. El trabajo fue arduo y prolongado. No fue exactamente una tarea de equipo, y comprobamos que, como pasaba con Rosa, Fermín estaba acostumbrado a trabajar sólo. Por eso, nos repartimos los temas y no fueron las reuniones de trabajo y de puesta en común las más frecuentes.

Tuve a mi cargo el período de la Libertadura y el gobierno de Frondizi. Más adelante trabajé sobre todo en el período más reciente, desde el retorno de Perón hasta la caída de Isabel en 1976. El proyecto había sido escribir tres nuevos tomos, pero sobre la marcha, la editorial consideró más conveniente que fueran cuatro.

–¿Aquí terminó la obra?

–Sin que hubiese ningún compromiso formal quedó la idea de continuar con los períodos que siguieron. Yo le había tomado el gusto y decidí no abandonar. Sin embargo, el entusiasmo de la editorial fue adormeciéndose. Fue al comenzar el siglo cuando renació el interés de Oriente. Afortunadamente, tenía bastante material elaborado. Para esta etapa, la editorial quería que nos hiciéramos cargo solamente Fermín y yo, lo que en realidad era dejarme casi toda la tarea porque Fermín estaba bastante viejito y desganado. Por eso su participación se limitó a una serie de textos ya escritos y publicados, de gran interés sin duda, que se intercalaron en la crónica.

Me pareció de utilidad para meterme en un tema tan reciente, la elaboración de estudios introductorios sobre el marco internacional de fines del siglo XX, la realidad y la distorsión de conceptos como nacionalismo, fascismo, militarismo en la historia argentina, la economía y sociedad posterior a 1955 y la aparición de la juventud como protagonista del período de guerra social que caracterizó a la Argentina de esos años. A medida que avanzaba en el desa­rrollo, este último tema se fue comiendo la mayor parte del primer tomo. En los tomos siguientes -que nuevamente iban a ser tres y terminaron siendo cuatro (18 a 21), desarrollé los tiempos de la tiranía criminal, la guerra del Atlántico Sur y una visión esquemática de la etapa constitucional hasta 2001.

–¿Cómo fue su trabajo en la cátedra universitaria con Chávez?

–La facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora convocó a Fermín Chávez para dictar una cátedra de Historia Argentina. Era un intento de romper la monolítica estructura de la historia oficial. Poner a Fermín al frente de una cátedra era una jugada audaz. No tenía título universitario y a los ojos de alguno de los académicos seguidores de Halperin o Romero era más un folklorista que un historiador, como se llegó a decir en una cátedra de la UBA.

Logramos armar una cátedra de excelencia en lo académico y de muy ajustado funcionamiento en lo organizativo, con un buen equipo de ayudantes y jefes de trabajos prácticos que complementaban las clases teóricas a cargo de Juan Carlos Cantoni y yo. Fermín, el historiador no académico, desarrollaba una clase magistral mensual, con asistencia libre para estudiantes de las distintas carreras de la facultad y para interesados diversos. De esta experiencia surgió mi libro Argentina en el Mundo del Siglo XX.

–¿Es verdad que acompañó a Fermín hasta después de muerto?

–A Fermín lo mató la muerte de su hijo Ricardo. Desde ese terrible accidente empezó su cuenta regresiva. Por entonces solíamos almorzar con él y algunos compañeros en un boliche a dos cuadras de su casa. Un fin de semana se descompuso y, según lo que nos decían los médicos, se dejó morir.

Lo velamos en el salón Juan Perón, ¿dónde, si no?, de la Legislatura porteña. Un tiempo después pudimos llevarlo a su Pueblito natal. El último día demostró como despedida su espíritu matrero. Por un malentendido con el chofer del furgón que llevaba su ataúd, estuvo desaparecido un par de horas en Nogoyá. Ya recuperado, pudimos enterrarlo junto a su capilla de Nuestra señora del Rosario, donde, como dijo un criollo de poncho blanco: “Ahora podrá siestear a la sombra de una tipa.”

–¿Cuáles son sus actividades actuales?

–Ya jubilado de la actividad docente regular hace unos años, estoy dedicado a la divulgación de la versión nacional y popular de nuestra historia, en buena medida desde el Instituto Nacional Manuel Dorrego. Si digo que hace unos años acepto ser llamado historiador es porque estoy desarrollando una producción intelectual que en otros tiempos no podía. Esta se centra en mis trabajos de investigación y publicaciones sobre la Argentina reciente y en el Centro Documental José María Rosa del Dorrego, donde procuramos el rescate y la difusión de la obra de nuestros maestros del revisionismo.

SUPLEMENTO Nº5 PEPE ROSA

SUPLEMENTO Nº5 PEPE ROSA junio 26, 2017 Suplemento especial Nº 5 UNA MUCHACHA DE LOS TOLDOS En 1935, plena Década Infame...