jueves, 7 de abril de 2016

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE, A 60 AÑOS DE SU PUBLICACIÓN


Por Julián Otal Landi
“Porque esto tiene otra llave”
Más de una vez y, sobre todo en estos últimos tiempos, nuestras elucubraciones de signo políticas desembocan en la problemática “madre” de nuestra historia política- cultural: “Civilización y barbarie”. Siempre girando en torno a ella se encontraron y se encuentran dos modelos de país, dos maneras de interpretar la realidad argentina cuando en realidad, como bien diría el maestro Fermín Chávez “la historia cultural argentina es un árbol de dos raíces”. No obstante, a 60 años de la formación de la “resistencia peronista” ante la avanzada “gorila” nos encontramos ante un nuevo proyecto liberal-conservador en el poder (esta vez sin la necesidad de recurrir a los cuarteles). La problemática en ciernes, entonces, vuelve sobre sus orígenes: se trata en la búsqueda de lograr la “formación de una conciencia nacional”, conformar una “epistemología para la periferia”, interpretar y recuperar la esencia del “ser nacional”. Una tarea interminable pero necesaria a la que recurrió Fermín Chávez dando el puntapié inicial a una renovación historiográfica dentro del revisionismo histórico argentino, luego de la conformación del peronismo quien fuera brutalmente derrocado.
Al momento de la edición de su primer obra (fines de 1956) de carácter histórico cultural en nuestro país se instituía un gobierno ilegítimo que había derrocado al gobierno democrático de Juan Domingo Perón en setiembre de 1955, y en junio de 1956, desbarataba de manera cruenta el levantamiento del General Valle mientras la proscripción daba persecución a toda manifestación que se relacione al gobierno depuesto: llámese “Perón”, “Evita”, “Justicialismo”, etc. el gobierno de facto, mediante el decreto-ley 4161 castigaba a cualquier peronista rebelde con la prisión.
La motivación de la publicación de “Civilización y barbarie” significaba una reacción ante el discurso oficialista y el aval de los intelectuales que adhirieron a dicho régimen y los versos de José
Hernández que se rescatan en nuestro subtítulo3, sintetizan la intención de Chávez: reaccionando al método historiográfico “científico” y poniendo a debate nuevamente la vieja dicotomía sarmientina “civilización y barbarie” que atravesaba nuestra historia y en ella se legitimaba el orden “libertador” del régimen de turno, enmarcándose en la línea “Mayo-Caseros” que contrastaba a las dos tiranías: Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón. La tesis de su trabajo viene a instalar que el problema nacional es de índole cultural: desde que se apuesta un falso concepto de “civilización” con la Generación de 1837, se empezó a hablar de la “barbarie americana” en sentido negativo. De este modo, el problema político que vuelve a ponerse en escena es sólo un aspecto de algo mucho más profundo: un problema ontológico.


Busto de Fermín Chávez
en la plaza de Nogoyá
“La civilización unitaria es resistida tercamente por la barbarie federal: he ahí el hecho argentino que ha de ir desencadenando nuestras luchas morales y políticas durante el siglo XIX. Frente al unitarismo racionalista se yergue una idea vernácula y una forma de vida que responde a la verdadera situación del hombre argentino y a su espontaneo desarrollo.
“Las subestructuras que sostienen a partir de Pavón nuestra República Mercantil tienen el aliento del naturalismo unitario. Así lo han visto pensadores esclarecidos y así lo comprobamos actualmente… Los doctores unitarios están de vuelta. Han regresado con el mismo candor y el mismo desconocimiento del país que pusieron de manifiesto cuando elaboraron la Constitución de 1826, ávidos de leyes escritas que nunca cumplieron”4
En la introducción citada el autor ponía en evidencia la problemática que trascendía la historia fáctica y científica, y mediante el historicismo se dispuso a desentrañar la civilización autóctona, condenada y proscripta por el unitarismo iluminista. En dicho proceso, Fermín no pecaba de anacronismo ya que en la problemática que pretende poner a la luz, trasciende al partido político: sean unitarios o antiperonistas, llámese Sarmiento o Borges, todos son instrumentos de un orden liberal que negaban la historia vernácula de nuestra tierra. Quizás influenciado por su maestro Nimio de Anquín, Fermín adoptaba el historicismo y recupera el pensamiento de Herder y Vico para analizar la historia. No es casualidad, entonces, que Fermín rescatase las “voces populares” a través de cielitos, obras teatrales y publicaciones que reflejasen la defensa de una civilización originaria que contradecía los valores ideales exportados del iluminismo europeo. Si la historia liberal buscó hacer tabla rasa con el pasado “barbárico”, el revisionismo histórico tenía el deber de poner en evidencia la historia popular, rastrear nuestro volkgeist5. Una tarea pendiente que hacía urgente bajo los momentos en que los doctores unitarios
regresaban a partir de la “Revolución Libertadora”, aunque en lugar de llamarse “liberales” se harán llamar “mayistas” de la llamada línea Mayo-Caseros. Se pone en evidencia que nuevamente un sector con valores iluministas avanzaba por sobre los intereses y el sentir popular. Entonces, el problema iba más allá de sacar unos próceres del panteón para poner otros, la revisión requería una interpretación no sólo política del acontecimiento sino cultural, tomando ese eje, la historia se la tomaba desde su unicidad y en su particularidad con respecto a otros pueblos y en contraste a las ideas racionales.
Con estas claves Fermín Chavez emprendía una búsqueda cultural que pusiera de manifiesto este “espíritu del pueblo” ocultado por la historiografía liberal y también desdeñado por sus colegas revisionistas, más focalizados en la experiencia de Rosas y los caudillos provinciales previos a Caseros. A diferencia de José María Rosa que postulaba como un cierre abrupto de la alternativa federal a partir de la caída de Rosas, Fermín se encargó de rescatar del olvido lo que, desde su niñez en Entre Ríos, recibió mediante la memoria colectiva la resistencia y el coraje de Ricardo López Jordán y varios federales que resistieron ante la avanzada liberal, unitaria y mitrista pergeñada desde Buenos Aires6. Así, con “Civilización y barbarie” dará inicio a la reivindicación de la experiencia federal posterior a Caseros que dará forma en biografías de consulta insoslayable como las dedicadas a Ricardo López Jordán y José Hernández. También desarrollará el rescate de otros “malditos” y, como tales, olvidados para la historia mitrista: Alejo Peyret y Francisco Fernández, además de revisitar a otros pensadores destacando su visión historicista como son los casos del Padre Castañeda y un brillante Juan Bautista Alberdi que, si bien éste último había sido una figura “incómoda” a los ojos de varios revisionistas, para Fermín Chávez era clave reivindicar el pensamiento del Alberdi de los primeros años y también del que partió al exilio enemistado con los ideólogos que se instalaban en el poder luego de Pavón.
Fermín Chávez propondrá desde el revisionismo una renovación, que sea la resistencia a esas nuevas propuestas metodológicas que buscaban, desde el iluminismo, marginar los problemas de fondo políticos, sociales y culturales. La renovación de Fermín es sobre todo en el marco de reinterpretar la historia desde el historicismo, centrándose en el problema de raíz que volvía a hacerse presente de manera violenta luego de 1955: civilización y barbarie.
“Nuestras generaciones jóvenes han empezado a tener conciencia de estos problemas en un momento por demás confuso y trastornado. Reciben de sus padres espirituales y de sus maestros, la herencia de miseria que todo argentino contemporáneo guarda en su seno por toda riqueza moral. Revisan su anverso y reverso tratando de hallar una verdad de salvación, y solamente encuentran un esquema negativo y perverso donde el país real semeja algo así como un monstruo definitivamente deshauciado por los doctores del liberalismo.


Fray Benito Enrique, novicio dominico

“Comprometida de entrada en esa empresa terrenal que es el país, le toca a nuestra generación esta suerte de afanes: la de exigir una severa y limpia explicación del ser nacional”7
Así como Arturo Jauretche publicaba “Los profetas del odio” casi en simultaneo a la obra prima de Fermín y Hernandez Arregui hacía lo suyo con “Imperialismo y cultura” y más tarde, luego de un “obligado” exilio José María Rosa profundizaba un enfoque de la historia argentina desde un enfoque revisionista “nacional y popular” Fermín Chávez se calzaba su pañuelo blanco jordanista y daba pelea desde las trincheras de la cultura dando comienzo a una amplia y versátil obra cuyo eje se centra en la problemática inicial: civilización y barbarie.


3 “(…) Aquí no valen Dotores; Sólo vale la experiencia; Aquí verían su inocencia Esos que todo lo saben, Porque esto tiene otra llave Y el gaucho tiene su cencia”. Fragmento de un poema de Hernández que Chávez recuperará en más de una oportunidad, dándole título a un trabajo dedicado al historicismo y la búsqueda de un pensamiento nacional en 1984. Porque esto tiene otra llave. De Wittgenstein a Vico. También será citado en Herder, el alemán matrero. (Nueva Generación, 2004) 4 Fermín Chavez. Civilización y barbarie. El liberalismo y el mayismo en la historia en la cultura argentina. Buenos Aires. Trafac. 1956. Pp.7-8. 5 El término hace referencia a la denominación herderiana que entiende como “espíritu del pueblo” la recuperación/puesta en valor del “mundo primitivo, de las canciones populares, de la Edad Media y de los pueblos de color menospreciados y explotados, en un vuelco de conceptos fundamentales, restauradores, y libera al mundo cultural de la utopía iluminista de hacer tabla rasa con el pasado”. Fermín Chávez. Herder, el alemán matrero. Buenos Aires. Nueva Generación. 2004. P. 23.

6 “El 11 de abril de 1870, después de traicionar al Chacho Peñaloza y al Paraguay que contaban con su apoyo, muchos de sus seguidores se hartaron y siguiendo a Ricardo López Jordán se sublevaron. Desde entonces, los entrerrianos se dividieron en sus preferencias históricas. Quienes seguían ritualmente las enseñanzas escolares, veneraban al vencedor de Caseros (Urquiza). Otros, muchos otros (sic), que conservaban la memoria transmitida oralmente de padres e hijos, conservaban la costumbre de usas en el cuello el pañuelo blanco de los jordanistas. De una de esas familias fue vástago Fermín Chávez”. Enrique Manson. Fermín Chávez y su tiempo. Buenos Aires. Ediciones Fabro. 2011. P. 21. 7 Fermín Chávez Civilización y barbarie… p. 12.

EL GRINGO DARWIN Y LA VINCHUCA MAZORQUERA


Triacoma federalis

Durante el siglo XIX se produjo un gran avance de las ciencias relacionadas con los orígenes del mundo y de la vida humana y animal. Sabido es el papel que Charles Darwin desempeñó en este terreno y es también conocido el viaje del autor de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida que lo llevó, en una de sus etapas, a nuestra Patagonia, ¡justo en el momento en que Juan Manuel de Rosas encabezaba su expedición que lo llevaría a los llamados desiertos del Sud!


Chivato pseudo científico inglés

Darwin llegó al campamento del Restaurador, a quien conoció personalmente, y estudió cuidadosamente flora y fauna de la región. Su curiosidad científica lo llevaría a detenerse en el conocimiento de los bárbaros primitivos que habitaban aquellos desiertos. Tanto los que hablaban el mapudungun mapuche, como los no menos bárbaros que se comunicaban en la forma criolla de la lengua llegada de la lejana España. Sobre unos y otros habrá puesto su imaginario microscopio británico.
Pero el Restaurador era hombre desconfiado, y Don Charles no era el primer hijo de la rubia Albión que ponía sus ojos –con pretexto científicos o comerciales- sobre estas tierras. Poco tardó en comprender que, como los Robertson que décadas atrás habían acertado a encontrarse con el mismísimo San Martín en momentos de triunfo en los que la euforia quebraba la prudencia, daban jugosas informaciones que interesaban a la cancillería británica, el científico que se le había acercado era uno más de los espías que Londres hacía recorrer el mundo con intenciones de conquista.
Don Juan Manuel, no menos astuto que suspicaz, aprovechó la curiosidad del científico para eliminar al espía. Darwin había descubierto un especimen ignorado en Inglaterra, el triacoma infestans, al que el pueblo conoce como vinchuca. Este insecto hematófago ganó el corazón del sabio (en sentidos diversos)
que quiso llevárselo a Gran Bretaña. Pero ¿cómo transportar con vida a través del ancho mar al pequeño bichito? Había que alimentarlo, y que mejor que hacerlo con la sangre del propio Darwin.


Amigas de Darwin.

Así, se encerró con la vinchuca en su camarote y a las horas correspondientes lo colocaba tiernamente sobre su brazo para que, leve picadura mediante, el triacoma se alimentara con la sangre del científico. Lo que este no sabía es que su nueva amiga era una fanática militante de la Mazorca, con gorro de manga y cintillo punzó incluído, y que el Tirano de Buenos Aires lo había provisto de una carga letal de tripanosoma cruzi –no menos federales que su portador- que depositaba en la misma herida, porque Darwin había averiguado como se alimentaba, pero no que una vez satisfecha, la vinchuca excretaba los tripanosomas y los depositaba en la misma herida por la que se había alimentado.
Y así fue que el agente británico se murió de una enfermedad tan sudamericana como el mal de Chagas-Maza.

HACE CUARENTA AÑOS



En las primeras horas del 24 de marzo, Isabel Perón, Julio González, su secretario privado, un edecán y el jefe de la custodia presidencial subieron al helicóptero que debía llevarlos de regreso a la quinta de Olivos. La presidente regresaba con la relativa tranquilidad que le había trasmitido el ministro de Defensa, José Deheza, a quien el comandante Videla había solicitado una reunión con los generales para las 12 de esa mañana. Si había golpe, no sería al día siguiente.
Sin embargo el helicóptero no se dirigió a la quinta presidencial. Al aterrizar en el Aeroparque de Buenos Aires, el jefe de la base de la Fuerza Aérea informó a la mandataria que el aparato tenía fallas mecánicas y que mientras la convidaban con un café, llegaría un nuevo vehículo para trasladarla. Una vez en su oficina, el comandante le comunicó que el viaje no se reanudaría pues había sido derrocada por las Fuerzas Armadas. Se puede suponer que el ofrecimiento de café tampoco era verdadero.
Se iniciaba el Proceso de Reorganización Nacional.
LA GRIETA
Recientemente, un periodista conocido por su audacia y su ingenio, que militara alguna vez en el campo definido como progresista y que hoy, tras su paso por las tablas del teatro de revistas se destaca en el novedoso arte del stand up, comentaba con dolor que nuestro país se encuentra dividido por una grieta que lo quiebra en su unidad. Desde luego, que esa dolorosa desunión no es casual. Sería –siguiendo el estilo potencial del Gran Diario Argentino que tan genialmente satiriza Javier Romero- provocada por la crispación de los partidarios del entonces gobierno nacional...
No ha sido el bufo de radio Mitre el primero en atribuir a la militancia de los sectores populares el odio político. Años atrás Félix Luna afirmaba que en la década de 1940 -y con Perón- se había terminado el fair play entre los políticos argentinos. “Las formas adoptadas, tanto por el gobierno como por sus opositores para juzgarse mutuamente, para controlarse, para medirse, tuvieron proporciones excesivas, y dieron lugar a verdaderas ordalías contemporáneas. Este fenómeno, desconocido hasta ese momento, fue uno de los elementos más característicos de la época peronista.”
Parece abusivo caracterizar a esta etapa por ello. En los años de continuidad constitucional que corrieron entre Pavón y el 6 de septiembre de 1930 estallaron las revoluciones mitristas de 1874 y 1893, la cívica del 90, las radicales del 93 y de 1905, sin olvidar la guerra civil de 1880. Todo esto en un marco de elecciones con fraude y matonaje. La década siguiente, con sus urnas cambiadas y su “sufragio de difuntos”, tuvo también las revoluciones de Pomar, Cattaneo y Bosch, en las que no se tiraba con balas de fogueo. El presidente Justo no era amado por el pueblo radical, que añoraba a Don Hipólito, y los partidos de la Concordancia tampoco creían merecedor de respeto a un radicalismo al que era “patriótico” trampear.
La grieta tiene, por lo menos, 200 años de antigüedad, pero nunca es trató de un enfrentamiento deportivo: los contendientes fueron –y son- el pueblo y la oligarquía, y durante los dos siglos se derramó sangre, y mucha.
En 1828 los doctores unitarios le llenaron la cabeza a Juan Lavalle para que asesinara a Dorrego, a quien llamaban despectivamente “padrecito de los pobres”. Sus poetas ironizaban La gente baja ya no domina y a la cocina se volverá-
Después de Caseros, Urquiza adornó los árboles de Palermo con los cadáveres del regimiento de Aquino que no habían querido combatir a su patria bajo la bandera del Imperio esclavista del Brasil.
Anoticiado del abandono del general federal, Sarmiento escribió sus conocidos consejos a Mitre: “no trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos.”
El 16 de junio de 1955, aviones argentinos masacraron a los transeúntes de la Plaza de Mayo. Ese día, y con la revolución de septiembre, se inició una guerra civil larvada que se prolongó por décadas. A la tremebunda frase de Perón: Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de los de ellos, que no pasó de un exabrupto del león herbívoro, siguieron los fusilamientos de 1956, las proscripciones, la represión y, por fin la tiranía criminal de 1976, con sus desapariciones, sus torturas, su robo de bebés y tantos otros crímenes.
El cuarto de siglo transcurrido entre marzo de 1976 y diciembre de 2001 constituye un período autónomo dentro de la Historia Argentina Contemporánea.
Entre el desplazamiento de Isabel Perón y la caída de Fernando de la Rúa, se extendió una etapa signada por el deliberado desmantelamiento de la Argentina industrial que, en el estilo de los Estados de Bienestar, había permitido desarrollar una sociedad de inclusión, más justa y socialmente más participativa que cualquiera de las contemporáneas de América Latina.
EL DIOS BIFRONTE
Jano era el dios romano de las dos caras, por ser la divinidad de las puertas, de los principios y de los finales. Se le había consagrado el primer mes del año, ianiaros –en castellano, enero-, y era el protector de quienes se proponían mudar el orden establecido.
Los guerreros lo consideraban uno de los suyos, y lo invocaban al iniciar una campaña, pero también se le atribuían aptitudes para la economía, y había sido él, quien inventó el dinero. La transformación que iniciara la dictadura argentina, tenía como el dios, dos caras: una económica y una militar: la definitiva liquidación de los restos de la Argentina del Bienestar peronista y la represión sanguinaria de quienes se
opusieran a sus planes.
Las dos caras de Jano
En su discurso del 2 de abril, cuando presentó el plan económico de la dictadura, el ministro Martínez de Hoz anunció claramente que “la economía argentina” no tenía “ningún mal básico ni irreparable.” La solución estaba en terminar con los obstáculos que el pernicioso estatismo establecido en la posguerra había impedido el crecimiento esperable.
El cambio que se proponía, sin embargo, exigía de instrumentos políticos excepcionales. No se equivocaba el joven brillante Guillermo Walter Klein, nuevo secretario de Coordinación Económica, al señalar que el nuevo sistema económico, que produciría la reducción de los salarios reales a la mitad, en el término de 10 meses, era “incompatible con cualquier sistema democrático y solo aplicable si lo respalda un gobierno de facto.”
El dictador Videla extendió, a su vez, el certificado de defunción de la vieja Argentina en un discurso de los inicios del Proceso, cuando afirmó que éste no venía sólo a derrocar un gobierno, sino a terminar con una Era de nuestra Historia para iniciar una nueva.
No se equivocaba. El cuarto de siglo transcurrido entre marzo de 1976 y diciembre de 2001 constituyó un período autónomo dentro de la Historia Argentina Contemporánea. Sin duda, diferente de los años que lo precedieron, y también –es nuestra fundada esperanza- distinto de los que le sigan.
EL PRETEXTO DE LA GUERRILLA
La utilización de la violencia con fines políticos es, como alguna vez dijo Perón, vieja como mear en los portones. Entre 1808 y 1814 el pueblo español derrotó a los ejércitos del Gran Corso y no abandonó la lucha hasta que los franceses cruzaran definitivamente los Pirineos. Pero no fue el ejército profesional el que logró el triunfo, sino los guerrilleros, que combatieron basados en el apoyo de todo un pueblo.
En la Argentina ya había habido una experiencia de guerra irregular en la reconquista contra las invasiones inglesas de 1806 y 1807. San Martín se valió de la guerra de recursos cuando dejó en manos de Martín Miguel de Güemes la defensa del Norte, mientras el Ejército de los Andes liberaba Chile y Perú. Las guerras civiles de las siguientes décadas mezclaron continuamente tropas veteranas con milicias más o menos irregulares, y las montoneras siguieron existiendo hasta el momento en que los remington del Ejército Nacional de Mitre avasallaron a las lanzas del Chacho Peñaloza y de Felipe Varela.
El chacal de la ESMA
En el siglo XX la guerrilla se convirtió en la forma habitual de las luchas de liberación de los pueblos coloniales, aunque fue el caso cubano el que por su carácter latinoamericano se convirtió en paradigma a imitar entre los contestatarios del continente. Más adelante, las guerras de Argelia y Vietnam, influyeron para la instalación del modelo guerrillero para los que se bautizaron como movimientos de liberación.
Dice Arnold Kremer (Luis Matini) –ex dirigente del Ejército Revolucionario del Pueblo- que esta organización armada se nutrió de una generación que nació en un país que, a partir del golpe de 1955, militarizó la política en todos sus niveles. “Fuimos hijos de la violencia del Estado contra la Constitución y contra los partidos políticos.”
DE LA DERROTA MILITAR A LA DEMOCRACIA CONDICIONADA
Al comprobar que marchaban a una nueva frustración, los militares y sus socios civiles intentaron valerse de una vieja reivindicación pendiente: la recuperación de las islas Malvinas. El espejismo de que los más atroces vende patrias trajeran de vuelta al territorio irredento provocó una adhesión popular inesperada. Pero los dictadores suponían que el Reino Unido se iba a resignar a la pérdida y que los Estados Unidos aprobarían lo actuado. Cuando se comprobó el error de tales presunciones, la guerra se perdió, y la popularidad se esfumó, lo que provocó el fin del régimen.
Poco después del triunfo alfonsinista de 1982, Juan Alemann, que fuera secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, publicó un artículo titulado “De nada, doctor Alfonsín”. Se refería a la destrucción del proletariado industrial, de tradicional voto peronista producido por la dictadura. Tampoco existía la voluble burguesía nacional que había crecido con el mercado interno. El control lo tenía “el capital concentrado interno –constituido por una facción del capital extranjero y los grupos económicos locales”, - que trabajaba con “la explotación de los trabajadores y la subordinación del Estado a sus intereses
particulares.”1 Como dice Basualdo “… el eje ordenador de la economía argentina” ya no era “la producción industrial sino la valorización financiera.” La industria trabajaba para la exportación antes que para el consumo, lo que la independizaba de los salarios. La caída de ingresos de los trabajadores no bajaba las ventas.
La dictadura dejó el campo arrasado. De este modo, los gobiernos constitucionales que la siguieron, se encontraron enormemente condicionados. Raúl Alfonsín, después de algunas medidas audaces que incluyeron el juicio a los integrantes de las juntas militares, fue sometido por la presión combinada de los uniformados y de los grandes grupos económicos que habían crecido desde 1976.
Carlos Menem, no tuvo dudas. Se sumó a quienes tenían el poder y tomó a su cargo la continuación de la política económica del Proceso. Actuó con el fervor de los conversos, y se convirtió en el niño mimado del Fondo Monetario Internacional.
El hijo de Martínez de Hoz
En 1999, el hartazgo de la corrupción menemista llevó al gobierno a una Alianza que ni siquiera cumplió con el compromiso de adecentar las costumbres políticas. Al poco tiempo se descubrió que el Ejecutivo coimeaba senadores para obtener las leyes que necesitaba.
A fines de 2001, la descomposición social llegó a su extremo. Mientras algunos avisados fugaban sus dólares al exterior, los marginales saqueaban supermercados y los pequeños ahorristas y empleados en blanco2 reclamaban haciendo sonar sus cacerolas por las calles porteñas. El presidente Fernando De la Rúa, coherente con su conducta de toda la vida, se alejó, en helicóptero, de la Casa de Gobierno.
Es que, como dice Basualdo “… el eje ordenador de la economía argentina” ya no era “la producción industrial sino la valorización financiera.” La industria trabajaba para la exportación antes que para el consumo, lo que la independizaba de los salarios. La caída de ingresos de los trabajadores no bajaba las ventas.
EL VIENTO DEL SUR
Pero cuando nuestro país parecía destinado a desaparecer, un inesperado viento llegó del sur e inició una tan inesperada como milagrosa recuperación. Después, se reanudó la lucha por integrar la Patria Grande Latinoamericana, la economía industrial y el mercado interno volvieron a vivir, y los mayores criminales de nuestra historia son juzgados –como no lo fueron sus víctimas-, son condenados, sufren cárcel común, y muchas veces mueren en prisión.
Enrique Manson
Marzo de 2016

LA DEUDA EXTERNA, AYER Y HOY

“El endeudamiento externo vino a generar más pobreza”, dijo ayer el diputado Axel Kicillof en la Cámara de Diputados. ¿Entiende de economía, el ex ministro? No sabemos, aunque su carrera y su gestión reciente parecen indicar que sí.
Lo que parece saber es historia. ¿Habrá leído a José María Rosa en su Defensa y pérdida de nuestra independencia económica? No faltará ocasión de preguntarle. Por ahora nos limitamos a recordar lo que nuestro Pepe escribía ¡en 1943! Hablando del primer empréstito. Que algún parecido tiene con los que volveremos a gestionar ahora.
EL PRIMER EMPRÉSTITO
Por leyes del 19 de agosto y 28 de noviembre de 1822, la Legislatura de Buenos Aires autorizó al gobierno a contratar un empréstito externo de 5 millones de pesos fuertes (un millón de libras esterlinas), ¿Con qué objeto? No existían imperiosas necesidades financieras, ni urgentes motivos militares. El pretexto fue construir un muelle en Buenos Aires, algunas otras obras públicas, y fundar puertos en el litoral. Rivadavia marchó a Londres en 1824. No lo concertó él, interviniendo en los trámites John Parish Robertson y Félix Castro.
El 1º de julio se firmaba el Bono General (con) la casa de banca Baring Brothers. Se obtenía al tipo de 70%, Baring entregaba 700.000 libras, pero Buenos Aires quedaba obligada por un millón.
Rivadavia, el “Más grande civil…”
La provincia daba como "garantía", la tierra pública, sus rentas, bienes y territorio: (que) quedaba hipotecada. No siendo suficiente, los acreedores retuvieron cuatro semestres de intereses y amortizaciones; (mas) las 7 mil libras de "comisión" que correspondían a Parish y Castro, y las 3 mil libras "gastadas" en los trámites.
Buenos Aires recibiría solamente 560.000 libras, quedando hipotecada por un millón; debiendo girar anualmente 65 mil libras por intereses (6%), y amortización (1/2 %). Pero hay más: necesitábase metálico, pues el oro y la plata existentes habían ido desapareciendo con la libertad de comercio. No obstante, los banqueros no enviaron las libras en oro, sino en letras de cambio.
Buenos Aires tuvo que pagar un millón en oro, con sus intereses, por 560.000 libras recibidas en papeles de comercio ¿Qué hizo el gobierno? Ni construyó el muelle, ni obras públicas, ni puerto. Tampoco lo empleó en la guerra con el Brasil declarada el 1° de enero. Procediendo como si no hubiera necesidades bélicas, (se) fundaba un Banco administrado por particulares con el objeto de "entretener productivamente" el empréstito con préstamos a los propios comerciantes extranjeros.
En 1826 deben pagarse los primeros servicios. La cotización de los títulos había bajado a 58 1/4 (llegaron a estar a 97). Se mandaron - no obstante la guerra - 65.000 oro para cumplir por un año. En 1827 hubo
que venderse la escuadra (aunque) la guerra con Brasil no había terminado. En 1828 se declaró la moratoria. La cotización desapareció de la Bolsa de Londres.
¿PARA QUÉ SIRVIO EL EMPRÉSTITO? El gobierno inglés no pudo hacerse ilusiones sobre el cobro. Pero el objeto de los "empréstitos" iniciada por Canning en América Española no era que los pequeños ahorristas ingleses, que poco le interesaban al ministro conservador, gozaran de una renta del 5 ó 6 % anual en sus inversiones. Su objeto era atar a los nuevos estados por obligaciones que no podían cumplir, garantizando con su renta o con toda la tierra pública. La amenaza de una intervención armada pendería sobre los nuevos Estados. A menos, que sus gobernantes fueran solícitos con los acreedores, pues Inglaterra era generosa con sus amigos. En 1833, Balcarce quiso romper relaciones por el apoderamiento de las Malvinas. La nota Argentina fue rechazada por Palmerston porque un deudor no puede romper con su acreedor sin pagar antes su deuda
En 1835, Rosas ocupa el gobierno. Está resuelto a una lucha contra el imperialismo, y empieza por la Ley de Aduana y el apoderamiento del Banco. En 1838 se inicia el bloqueo francés, disimuladamente favorecido por Inglaterra. Rosas hace mover a su favor a los comerciantes ingleses de Buenos Aires perjudicados y anuncia en 1839 que "si no fuera por el bloqueo" reanudaría los servicios del empréstito. Provoca una conmoción en la City: se forma un "Comité de Tenedores de títulos Hispanoamericanos" que inicia una campaña contra el bloqueo. El Times, órgano de los pequeños ahorristas, se hace eco. La Casa Baring envía un comisionado y Palmerston poco menos que ordena a Thiers que levante el bloqueo. Pero Rosas no puede, o no quiere, reanudar los servicios. Entretiene a Falconnet hasta 1842 con las "necesidades de guerra", que diferían sus buenas intenciones hasta la terminación de la misma.
En 1844 gobiernan los conservadores, y Lord Aberdeen está al frente del Foreign Office. La intervención de Inglaterra y Francia es ya un hecho. Rosas se prepara para resistirla, y como pronta medida entrega a Falconnet cinco mil pesos plata mensuales destinados a los servicios del empréstito. No pagaba ni la quinta parte de los intereses anuales, pero algo era. Los tenedores de títulos se llenan de alegría. Al producirse la agresión de 1845, Rosas cesa el pago alegando el bloqueo. Los tenedores, el "Comité" y el Times gritan contra Aberdeen; también los comerciantes ingleses de Buenos Aires y sus proveedores de Londres. La caída de los conservadores del poder en 1846 se debió en alguna parte a la puja de los intereses movidos por Rosas. Vuelve Palmerston al Foreign Office, y, acaba por hacer la paz. El "Comité" y la casa Baring quieren que en el tratado Southern se establezca un pago ajustado de los títulos, pero Rosas se opone. Pagará lo que él pueda: no más de los cinco mil pesos plata mensuales convenidos en 1844 con Falconnet. Palmerston cede ante la tenacidad de Rosas. En 1850 y 51 se abonan los cinco mil pesos mensuales.
¿Un nuevo Rivadavia?
La caída de Rosas en 1852 hace subir los títulos, que saltan a 70. Se espera que el nuevo gobierno sea más dócil a Inglaterra. Y efectivamente el ministro de Hacienda de la Riestra concierta el arreglo "de los bonos diferidos" por el cual se entregaban títulos por 15 millones en pago del millón contratado en 1824 y sus intereses atrasados, e intereses de intereses etc. etc... En 1904 se acabó de pagar totalmente la obligación de Rivadavia. Habían sido abonados 23.734.706 pesos oro por 3 millones realmente recibidos (5) y en papel.
Rosa, José María, Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, Buenos Aires 1943